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jueves, 10 de marzo de 2011

Gaddafi y África: un rebelde en busca de su causa

Parece que el fin del régimen gaddafista en Libia no tendrá graves repercusiones internacionales más allá de avivar las rebeliones en otros países árabes. Al fin y al cabo Libia es un gran país en cuanto a extensión, más de 3 veces la superficie de España, pero demográficamente casi insignificante, 6 millones y medio de habitantes. Su líder, Muammar Gaddafi, si bien disfruta de una potente presencia mediática gracias, entre otras cosas, a sus excentricidades, no es uno de los grandes estadistas mundiales. Desde un punto de vista eurocéntrico, el líder libio no es más que un dictador africano de los tantos que aún pueblan el continente. Pero Gaddafi no es uno más; desde un punto de vista africano ha sido uno de las más importantes figuras de la historia reciente de África. Su papel es capital a la hora de entender la África actual y los conflictos que la atenazan. Gaddafi no es sólo el tirano que gobierna con mano de hierro Libia; el viejo general financia grupos rebeldes, actúa como mediador en numerosos conflictos, es la principal fuente de financiación de la Unión Africana, mantiene a dictadores a lo largo y ancho de todo el continente, es un firme defensor de la creación de unos Estados Unidos de África y además es el principal filántropo del continente. La importancia de Gaddafi en África es tal que en 2008, en una cumbre que reunió a más de 200 reyes y líderes tribales africanos en Libia, fue proclamado “Rey de reyes”. Como un gigantesco pulpo, los tentáculos de Gaddafi se extienden por toda África, desde Trípoli hasta El Cabo, como veremos a continuación.
 
Gaddafi (izquierda) con el presidente egipcio Nasser en 1970
Pero África no siempre ha sido la principal referencia para la diplomacia de Gaddafi y sus ansias de protagonismo internacional. Como ferviente admirador del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el joven general libio que en 1969 llegó al poder tras un golpe de Estado apostó todas sus cartas a la consecución de su sueño, formar una nación árabe unificada. Pero el destino quiso que Gaddafi no viese su sueño cumplido; la muerte de Nasser en 1970 supuso la desaparición del principal impulsor de la idea panarabista, es decir, de la unión de todas las naciones árabes bajo un único gobierno. Además el fracaso de la unión entre Siria y Egipto, la República Árabe Unida, supuso también un serio varapalo para los ideólogos del panarabismo. Pero Gadaffi no desistió y trató de llevar a cabo varios proyectos de unificación con Egipto y Túnez durante la década de los 70. Sin embargo su afán por liderar cualquier proyecto de unión árabe le granjeó las enemistades de los principales líderes norteafricanos, a lo que respondió organizando varios golpes de Estado fracasados contra el monarca marroquí Hassan II en 1972 y contra el presidente tunecino Habib Bourguiba en 1980. Su belicosidad provocó un paulatino aislamiento diplomático durante las décadas de los 70 y 80 en el conjunto del mundo árabe. Su retórica anti-occidental chocaba con las dos grandes monarquías árabes; Marruecos y Arabia Saudí, y con Egipto, que desde finales de los 70 comenzó a ser el principal aliado árabe de los Estados Unidos, abandonando toda idea panarabista. Destrozados sus sueños de formar una unión árabe, Gaddafi encontró una nueva causa en el panafricanismo, que defendía la unión de todas las naciones africanas, eso sí bajo su liderazgo.

La política exterior panafricana de Gaddafi tuvo dos etapas. Una primera etapa comprendería desde 1977, con la derrota libia en la breve guerra contra Egipto, lo que supuso el fin de su diplomacia panarabista, hasta los años 90. Una segunda etapa comprendería desde los años 90 hasta la actualidad, siendo culmen el período que va de 2008 a 2010. 

La primera etapa se caracterizó por la puesta en práctica, en política exterior, de las dos fuentes de la ideología gadaffista; el panislamismo y el antioccidentalismo. La ideología panislamista comenzó a ganar peso a partir de los años 70 como sustitutivo del secular pensamiento panárabe. El fracaso de todos los intentos de unificación entre los países árabes y la desaparición de sus principales defensores llevaron a la marginación de esta ideología. Pronto fue sustituida por una nueva versión, el panislamismo, centrado en la unificación de toda la comunidad islámica, la Umma, en un sólo estado. Por tanto no comprendía solo a los países árabes sino también a otros estados, especialmente Irán, donde en 1979 triunfaría la revolución islámica. Gaddafi pronto se convirtió en el bastión del panislamismo en África, defendiendo la expansión del Islam por todo el continente. Sus principales acciones en este campo fueron la intervención en la guerra civil de Chad, que enfrentaba a los musulmanes del Norte con los cristianos del sur, y su apoyo militar al dictador de Uganda Idi Amin, musulmán en un país donde la población era mayoritariamente cristiana.

La vertiente anti-occidental de la política exterior de Gaddafi se tradujo en el apoyo a numerosos grupos rebeldes que luchaban contra regímenes gobernados por minorías blancas (Rhodesia del Sur, Sudáfrica) o contra regímenes pro-occidentales como la República Democrática del Congo, Liberia o Chad. Durante estos años, y gracias a los grandes beneficios económicos que comenzaba a amasar Libia por la venta de petróleo, Gaddafi se convirtió en el principal actor de la diplomacia regional. Apoyó a Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, contra el gobierno blanco de Rhodesia del Sur, financió al Congreso Nacional Africano, partido de Nelson Mandela, en su lucha contra la Sudáfrica del Apartheid y apoyó económicamente al Frente Polisario en el Sahara Occidental contra España primero y a partir de 1980, año en que Libia reconoció a la República Saharawi, contra Marruecos. Además apoyó al líder rebelde Laurent-Desiré Kabila contra el general Mobutu en Zaire y colocó al señor de la guerra Charles Taylor en la presidencia de Liberia, tradicional baluarte de la diplomacia estadounidense en África. En Somalia Gaddafi financió a otro señor de la guerra, Muhammad Farah Aydid, celebre por haber repelido un ataque estadounidense a Mogadiscio en 1993. Como hemos visto, el líder libio estableció en pocos años una red de países aliados, algunos de ellos gobernados por dictadores que asistieron al Centro Mundial Revolucionario, escuela libia donde Gaddafi entrenó a varios futuros presidentes como Blaise Campoare de Burkina Faso o Idriss Déby de Chad.

Muammar Gaddafi en la 12ª Cumbre de la U.A.
La caída del bloque socialista, y el surgimiento de Estados Unidos como única potencia mundial cambió el panorama diplomático y político en África. Además, el estancamiento de la República Islámica de Irán, principal aliado musulmán de Gaddafi, en su guerra contra Irak acabaron por empujar al líder libio a abandonar su tan cacareado panislamismo. Su aislamiento entre los países árabes continuó, sobre todo desde que la comunidad internacional señalase a Gaddafi como el culpable de varios atentados en Europa durante la década de los 80. Todas estas circunstancias empujaron al líder libio a centrar sus aspiraciones geopolíticas en África, donde acabaría por encontrar la última de sus causas políticas, el panafricanismo. Esta vez sin hacer distinciones de religión o de ideología política, la prioridad era unificar el continente en unos Estados Unidos de África. Para ello elaboraría una triple estrategia; mantener la red clientelar con sus socios africanos con apoyo militar o financiero, buscar nuevos aliados en el continente gracias a ayudas económicas, humanitarias o mediando en conflictos armados, e impulsando el desarrollo de la Organización de la Unidad Africana (OUA).

Durante los siguientes 20 años Gaddafi se convertirá en el principal impulsor de la unidad africana y en el banquero de los líderes políticos del continente; tal es así que regímenes como el de Mugabe en Zimbabwe o la propia Unión Africana (UA) pasaron a depender económicamente de la ayuda libia. Gracias al petróleo y a la subida continuada de sus precios a partir de los 90, Gaddafi pudo afianzar su red clientelar de autócratas africanos. Hasta su expulsión del poder en 2003 Charles Taylor, presidente de Liberia, disfrutó de la financiación libia. Otros países tradicionalmente en la esfera de influencia de Gaddafi como Niger, Mali, Chad y la República Centroafricana también se han beneficiado de estas ayudas económicas. En el caso de las dos últimas la ayuda libia se ha extendido al campo militar, ya que ambos países están gobernados por aliados tradicionales de Gaddafi, Idriss Déby en Chad, y Ange-Félix Patessé en Centroafrica, que gobernó hasta 2003. Financió a Foday Sankoh líder del Frente Revolucionario Unido de Sierra Leona, uno de los señores de la guerra más sangrientos del África Occidental, durante la guerra civil de 1991-2002. Sin embargo el país que más se ha beneficiado de su amistad con Libia ha sido Zimbabwe. Su presidente Mugabe, tradicional aliado de Gaddafi, se mantiene en el poder gracias al petróleo barato enviado desde Libia.

La segunda estrategia de Gaddafi en su aventura panafricana ha sido la de ganar nuevos apoyos en África para lograr ser el líder de un hipotético continente africano unificado. Esto también lo ha conseguido gracias a la ayuda financiera; ha otorgado préstamos de más de 100 millones de dólares a Tanzania, Mozambique y Etiopía y de más de 600 millones a Sudán. También ha financiado parte de la ayuda humanitaria destinada a los refugiados de Darfur en Chad. Por último ha actuado como mediador en algunos de los principales conflictos en el continente como el enfrentamiento entre Chad y Sudán a raíz del genocidio de Darfur o el conflicto entre los rebeldes Tuareg y los gobiernos de Mali y Niger. Desde 1989 Gaddafi ha mejorado sustancialmente sus relaciones con Marruecos, Túnez y Egipto y ha sido el impulsor de la Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos que incluye a Mali, Niger, Chad, Sudán, Burkina Faso, además de a la propia Libia.

El momento culminante del proyecto panafricano de Gaddafi se produjo durante la última década. En el año 2000, durante la XXXVI Asamblea ordinaria de la Organización para la Unidad Africana (OUA), organización regional creada en 1963 y que agrupaba a todos los estados africanos salvo Marruecos, se aceptó la propuesta de Gaddafi de crear un nuevo organismo. Esta nueva organización, la Union Africana (UA), sustituiría a la OUA y supondría un nuevo impulso para la unidad africana, creando instituciones a imagen y semejanza de las de la Unión Europea. La nueva UA cuenta con Libia como la principal fuente de financiación, un 15% del presupuesto de la organización corre a cuenta de Gaddafi. De hecho Libia paga la cuota de algunos pequeños países que no pueden realizar tal gasto. Las misiones de paz de la UA en Darfur (Sudán) y Somalia, están financiadas parcialmente con dinero libio, lo que explica la gran influencia de Gaddafi en la organización. 

Bandera de la Unión Africana
En 2008, en una cumbre en Bengazi (Libia), 200 reyes y líderes tribales de África declararon a Gaddafi “rey de reyes”. Un año después, Libia se hace con la presidencia anual de la UA. Durante este periodo Gaddafi defenderá insistentemente la creación de unos Estados Unidos de África bajo su liderazgo. Este nuevo superestado debería contar, según el líder libio, con un ejército propio, un pasaporte común y una moneda única, el afro, y debería estar constituido para 2025. Si bien Gaddafi cuenta con el apoyo de países aliados como Senegal, tradicional defensor de la unidad africana, o Zimbabwe, los pesos pesados de la región, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, son más escépticos con los extravagantes proyectos del líder libio.
 
La desaparición de Gaddafi supone, para África, un cambio en el equilibrio político regional de consecuencias imprevistas. Por un lado hemos visto como la propia Unión Africana depende económicamente de Libia, así como sus misiones de paz. Por otro lado regímenes que hasta ahora habían sobrevivido por el apoyo económico y/o militar libio como Zimbabwe, Chad o Burkina Faso pueden tambalearse. La desaparición de Gaddafi no es algo secundario para África; es un movimiento sísmico que puede llevarse por delante a otros dictadores y crear nuevos conflictos armados y más caos, pero también puede suponer un impulso a la democracia en el continente o el fin de viejas rencillas. Lo que está claro es que con Gaddafi y su quijotesco sueño de una África unida muere el último intento desesperado de un continente que busca infructuosamente su lugar en el mundo.




Mapa que explica algunos de los lazos diplomáticos entre Libia y otros países africanos.

















 
 

viernes, 4 de marzo de 2011

Siempre nos quedará París (o Londres, o Madrid, o Brasilia...) Parte II


Seguimos con el repaso a los principales dictadores que, a pesar de haber sido gobernantes sanguinarios y corruptos, han podido vivir plácidamente en el exilio...

Idi Amin Pocos dictadores han alcanzado tanta notoriedad por su brutalidad como Idi Amin. Sólo 8 años como presidente de Uganda le sirvieron para alcanzar fama mundial como uno de los líderes más sangrientos de la historia africana. Sentado en el trono presidencial desde enero de 1971, tras un exitoso golpe de Estado contra el anterior presidente Milton Obote, Idi Amin dedicó sus años en el poder a exterminar a cualquier oposición política y a grupos étnicos rivales. Inicialmente apoyado por Israel, donde se entrenó militarmente, y Reino Unido, antigua potencia colonial de Uganda, pronto cambió de alianzas internacionales. Su nueva política exterior, anti-británica y anti-israelí, le granjeó la enemistad del bloque Occidental y el apoyo de nuevos aliados como la Libia de Gaddafi o la República Democrática Alemana de Honecker. Su pertenencia a la minoría musulmana de Uganda (en torno al 10% de la población) le permitió establecer buenas relaciones con el mundo árabe. Entre sus excentricidades, su supuesto canibalismo y su afición a echar a sus opositores a los cocodrilos. Llevó a cabo un auténtico genocidio contra los grupos étnicos contrarios a su gobierno. Ya en abril de 1979 huyó del país debido a la invasión de Uganda por parte de opositores apoyados por el ejército de la vecina Tanzania. Se exilió en Libia y más tarde a Arabia Saudí, donde vivió en paz hasta 2003 cuando murió debido a problemas renales.

Mengsitu Haile Mariam Todavía en el exilio en Zimbabwe, Mengsitu dio nombre a una de las épocas más oscuras de la historia de Etiopía, país del que fue presidente. Fue miembro del grupo de militares que en 1974 derrocaron la monarquía de Haile Selassie para instaurar un régimen dictatorial socialista gobernado por una Junta Militar, el Derg. En 1977 se haría con el poder, tras la muerte del resto de sus oponentes en la Junta. Su gobierno, desde 1977 hasta 1989, es conocido por el Terror Rojo, debido a la represión política que llevó a cabo incluso en su propio partido político, el Partido Revolucionario del Pueblo Etíope. Alineado con el bloque comunista, logró el apoyo militar y tecnológico de la URSS y Cuba en la guerra que le enfrentó a la Somalia de Barre entre 1977 y 1978. Con la caída del bloque socialista a finales de los 80, la Etiopía de Mengsitu se encontró internacionalmente aislada. La retirada de las tropas soviéticas y cubanas dejo patente la debilidad militar del régimen. Esto fue aprovechado por las milicias de la secesionista Eritrea y por la oposición armada al régimen, liderada por Meles Zenawi, actual presidente del país. El levantamiento contra Mengsitu, iniciado en 1989, logró conquistar la capital, Addis Abeba, en mayo de 1991, provocando la caída del régimen socialista y la huida del presidente a Zimbabwe. De ideología similar, el Zimbabwe del dictador Robert Mugabe recibió con manos abiertas al dictador etíope, que de esta forma se salvó de cualquier proceso judicial por crímenes contra la Humanidad.

Jean-Bédel Bokassa Paradigma de la excentricidad, el dictador Bokassa, presidente de la República Centroafricana entre 1966 y 1979, pasaría a la historia por autoproclamarse Emperador de su país en 1977, tras una fastuosa ceremonia. Llegó al poder en 1966 tras un golpe de Estado que derribó al también dictador David Dacko. En 1976 declaró al país una monarquía y se convirtió al Islam. Sus principales aliados eran la Libia de Gaddafi, la dictadura argentina de Videla y el presidente francés Valery Giscard D'Estaing. La violencia con la que Bokassa reprimía cualquier manifestación llegaría a incomodar tanto a su aliado europeo, Francia, que desde París se organizó un Golpe de Estado que el 20 de septiembre de 1979 derribó al dictador. Paradójicamente, Bokassa acabó exiliándose en Francia, donde vivió hasta que en 1986 regresó a la República Centroafricana. Allí fue detenido y juzgado por canibalismo, asesinato, y corrupción. Fue liberado por una amnistía en 1993 y murió en 1996 por un ataque cardíaco. El presidente francés Giscard d'Estaing pagaría caro su apoyo a Bokassa, ya que salió a la luz pública la turbia relación entre ambos dignatarios. Sobre todo las presuntas orgías en las que participaban y los lujosos regalos que el presidente francés recibía de su amigo Bokassa, principalmente valiosos diamantes. Estas acusaciones ayudaron a que, en las elecciones presidenciales francesas de 1981, Giscard d'Estaing perdiese contra Miterrand.

Yakubu Gowon General nigeriano, en agosto de 1966 llegó al poder tras un sangriento golpe de Estado. Lideró Nigeria durante la guerra que enfrentó al ejército nigeriano con los separatistas de Biafra, región del sudeste del país. El bloqueo ordenado por Gowon a la región secesionista provocó más de un millón de muertos civiles. La guerra se extendió hasta 1970, cuando los separatistas de Biafra fueron derrotados. La corrupción de su régimen causó malestar entre la población y el ejército, provocando un golpe de Estado el 25 de julio de 1975 que obligó a Gowon a huir de Nigeria. Escogió el Reino Unido como lugar de exilio.

Mobutu Sese Seko Eterno presidente de Zaire, actual República Democrática del Congo, Mobutu fue el gendarme de Occidente en África. Desde su acceso al poder tras un golpe de Estado en 1965 contra el entonces presidente Joseph Kasavubu, defendió los intereses de Estados Unidos y Francia en el corazón de África. Inicialmente llevó a cabo una política exterior anti-occidental, pero el apoyo de la socialista Angola y el bloque comunista a los separatistas de la región de Katanga, empujó a Mobutu a los brazos de Washington. Se auto-proclamó “el guerrero poderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso”, toda una declaración de intenciones. Su régimen se caracterizó por el continuo saqueo de las riquezas del país. Su caída se produjo por un levantamiento popular de tutsis al Este del país, al apoyar Mobutu el genocidio en Ruanda, que junto a opositores políticos al régimen y el apoyo de Ruanda y Uganda, lograron expulsar al cleptócrata en mayo de 1997. El ya ex-presidente huyó a Togo desde donde se trasladó a Marruecos, donde otro tirano, el rey Hassan II, también amigo de Occidente y saqueador asiduo de las arcas públicas, le concedió asilo hasta su muerte en 1997 de un cáncer de próstata.

Mohamed Siad Barre Gobernó Somalia con mano de hierro desde 1969 hasta 1991. Militar, llegó al poder tras organizar un golpe de Estado en 1969. Transformó el país en un régimen socialista, apoyado por Moscú. En 1976 creó el partido único, el Partido Socialista Revolucionario Somalí. Además de en el marxismo, la ideología del régimen se basaba en el nacionalismo somalí, lo que llevó a Barre a invadir el Este de Etiopía en 1977. La URSS, aliada de los dos países enfrentados, optó por abandonar a Somalia y apoyar militarmente a Etiopía, lo que provocó la derrota del ejército somalí. A partir de entonces Barre cambió de alianzas y se acercó diplomáticamente a Occidente. Durante la siguiente década comenzaron a surgir grupos armados de oposición al régimen, que consiguieron el 26 de enero de 1991 expulsar al dictador de la capital, Mogadiscio. Este se refugió en el sur del país hasta que pudo huir a la vecina Kenia, para poco después exiliarse en Nigeria. En este país africano moriría en 1995 por un ataque cardíaco, mientras que Somalia se hundía en el caos.

Mohammed Reza Pahlevi Segundo Sha de la dinastía Pahlevi, Mohammed Reza gobernó Irán desde la abdicación de su padre en septiembre de 1941 (su padre fue obligado a abdicar por Gran Bretaña y la URSS por sus simpatías hacia la Alemania nazi) hasta su huida del país por la revolución de 1979, que convirtió al país en una República Islámica. El “rey de Reyes” fue el principal aliado estadounidense en Oriente Medio durante los años 50, 60 y 70. Odiado por la izquierda y la derecha religiosa por igual, en 1953 se exilió durante unos meses debido a una insurrección popular liderado por los comunistas. Tras su regreso, endureció la represión política a través de su temido servicio de seguridad, el SAVAK. Su reinado acabó en febrero de 1979 cuando una segunda insurrección popular, alimentada por los comunistas y la derecha ultrarreligiosa, le obligó a huir de nuevo del país. El depuesto sha fue recibido en varios países, entre ellos EEUU y el Egipto del también pro-occidental Sadat. Fue en El Cairo donde murió en julio de 1980 de un linfoma.

Ferdinand Marcos Cerramos nuestra lista de dictadores en el exilio con el ex-presidente filipino Ferdinand Marcos. Llegó al poder de forma democrática, siendo elegido presidente por el Partido Liberal en las elecciones de 1965. En 1969 sería reelegido y gobernaría de forma cada vez más autoritaria. Pilar del anti-comunismo en el Sudeste Asiático, apoyó a Vietnam del Sur contra el Vietnam comunista de Ho Chi Minh. En 1972 impuso la ley marcial, lo que le dio plenos poderes para gobernar a su antojo. En 1986 convoca elecciones presidenciales, pero un levantamiento popular de la oposición política le obliga a exiliarse el 25 de febrero de ese mismo año. Marcos dejó un país arruinado, saqueado y con una guerrilla comunista muy activa. Estado Unidos, principal aliado del presidente filipino, le ofreció establecer su residencia en Honolulu, Hawai, donde moriría pocos años después, el 28 de septiembre de 1989.

Actualizado 14.04.11

Mapa de la BBC con los exilios de algunos de los dictadores de los que he hablado


http://www.bbc.co.uk/news/magazine-13052996

miércoles, 2 de marzo de 2011

Siempre nos quedará París (o Londres, o Madrid, o Brasilia...) Parte I

El pasado lunes David Smith en The Guardian se preguntaba ¿Dónde podría Gaddafi ir si se exilia?. A continuación enumeraba una serie de países: Arabia Saudí, Burkina Faso, Senegal, Guinea Ecuatorial, etc... donde el dictador libio sería bienvenido, a pesar de su sangriento historial. Por desgracia un retiro dorado en el exilio es el más posible de los futuros para Gaddafi. Pero no es el primer dictador, y seguramente no el último, que tras gobernar férreamente su país, acaba sus días en lujosos retiros sin tener que rendir cuentas a la justicia. Lo más denunciable de todo ello es que en muchos de los casos, son los países del mundo democrático-liberal los que acogen en sus sociedades a estos tiranos en busca de hogar. A continuación explico los casos más flagrantes de dictadores que, tras gobernar a sangre y fuego, han podido exiliarse sin rendir cuentas, algunos durante unos años otros hasta el fin de sus días.

Jean Claude Duvalier “Baby Doc” Hijo y sucesor del dictador François Duvalier “Papa Doc”, continuó gobernando Haití con mano dura tal y como lo había hecho antes su padre con su temida para-policía, los Tonton Macoute. Baby Doc gobernó el país caribeño desde abril de 1971, cuando murió su padre, hasta el 7 de febrero de 1986 cuando fue expulsado del poder por un golpe de Estado liderado por el jefe del ejército Henry Namphi. Anti-comunista convencido, recibió el apoyo político y económico de los Estados Unidos, a la par que reprimía brutalmente cualquier tipo de disidencia política. Tras su expulsión del poder se exilió en París, ciudad que acogerá a numerosos dictadores. Es cuanto menos paradójico que un país con un Presidente socialista (Miterrand) y un gobierno socialista con apoyos comunistas, se prestó a acoger a un dictador que tan violentamente había reprimido cualquier movimiento político de izquierda. Baby Doc siguió viviendo en París a todo lujo, con dinero obtenido de décadas de saqueo por parte de la familia Duvalier. En enero de 2011 volvió a Haití en medio de una crisis política y humanitaria.

Anastasio Somoza Debayle Último del clan Somoza en gobernar Nicaragua, al igual que sus antecesores, llevó a cabo una política de represión sistemática de movimientos populares de la izquierda. En el contexto de la Guerra Fría, el apoyo a la dictadura nicaragüense era clave para Washington a la hora de contener el comunismo en Centroamérica y el Caribe, por ello el apoyo norteamericano fue uno de los pilares del régimen. Anastasio dirigió el país durante dos períodos, de 1967 a 1972 y de 1974 a 1979. Al igual que el resto de su familia, gobernó el país como si fuese su propia empresa, lucrándose incluso de las ayudas internacionales que llegaban para paliar las consecuencias humanitarias de desastres naturales. Durante gran parte de su mandato Anastasio Somoza se enfrentó a la guerrilla comunista, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Entre sus socios internacionales se encontraban las dictaduras militares del Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay), el Portugal salazarista o la Sudáfrica del apartheid. La guerrilla FSLN finalmente consiguió derrotar al régimen somozista provocando la huida de Anastasio Somoza el 17 de julio de 1979 hacia Paraguay. No sin antes haber bombardeado sin piedad las ciudades liberadas por el FSLN, lo que recuerda a las técnicas utilizadas actualmente por Gaddafi en Libia. En Paraguay, gobernado por el también dictador Alfredo Stroessner, pudo vivir lujosamente hasta que fue asesinado el 17 de septiembre de 1980, en la Avenida Francisco Franco, por unos terroristas argentinos de extrema izquierda.

Alberto Fujimori Presidente peruano de origen japonés, Fujimori gobernó el país sudamericano durante toda la década de los 90, de 1990 al 2000. Alumno ejemplar del neoliberalismo y el Consenso de Washington, aplicó de manera rigurosa las numerosas políticas económicas que el FMI le recomendaba. Además no se olvidó de gobernar autoritariamente, lo que facilitó enormemente la implantación de medidas tan impopulares. Su régimen se caracterizó por la corrupción, el autoritarismo; Fujimori llevó a cabo un auto-golpe de Estado en 1992 disolviendo el Congreso y suspendiendo el Poder Judicial, y sus golpes de efecto mediáticos, como la televisada crisis de los rehenes en la residencia del Embajador de Japón, o la breve guerra fronteriza con Ecuador. En noviembre del año 2000 Fujimori abandonó Perú para exiliarse en Japón ante el temor de ser procesado por corrupción. 5 años después fue detenido en Chile y extraditado a Perú donde está siendo juzgado en la actualidad. Su hija Keiko Fujimori está entre los favoritos para las elecciones presidenciales de abril de 2011.

Alfredo Stroessner Uno de los dictadores más longevos de la historia, Stroessner, militar, gobernó Paraguay durante 35 años. Llegó al poder en agosto de 1954 tras liderar un golpe de Estado. Un año después se presentó a las elecciones presidenciales como candidato del tradicional Partido Colorado. Tras su victoria electoral siguió presentándose a las elecciones, que ganaría sucesivamente de forma fraudulenta. Simpatizó con el movimiento nazi alemán y ofreció refugio a muchos de sus líderes, entre ellos a Josef Mengele. Su dictadura fue apoyada por Estados Unidos debido a su anticomunismo. Pero tras el fin de la Guerra Fría y la democratización del Cono Sur, la dictadura paraguaya comenzó a estar cada vez más aislada y a ser muy incómoda para Washington. El 3 de febrero de 1989 un golpe de Estado, apoyado por los EEUU, derrocó al dictador. Este huyó a Brasil, donde vivió plácidamente hasta morir por una neumonía en agosto de 2006.

Isabel Martínez de Perón Presidenta argentina durante dos años, fue durante su mandato cuando surgió la Triple A “Alianza Anticomunista Argentina”, movimiento para-policial que llevó a cabo todo tipo de actos violentos contra figuras de la izquierda política e intelectual argentinas. Su llegada al poder se debió a la muerte, el 1 de julio de 1974, de su marido el Presidente Juan Domingo Perón, de quien era vicepresidenta desde el año anterior, y al que sucedió en la presidencia. “Isabelita” Perón endureció la posición del Estado cerrando publicaciones, reprimiendo a los movimientos de izquierda y endureciendo la jefatura militar, nombrando a Jorge Rafael Videla, futuro dictador de Argentina, jefe del ejército. Con una situación política y social descontrolada, el 24 de marzo de 1976 Martínez de Perón fue apartada de la presidencia tras un golpe de Estado militar y puesta bajo arresto. En 1981 la ex-presidenta fue liberada y se exilió en España, donde vivió a caballo de Madrid y Marbella. Desde entonces Martínez de Perón ha sido investigada por vínculos con la Triple A y por terrorismo de Estado. Todos los presidentes de la democracia española han tolerado la presencia en nuestro país de un personaje tan oscuro y con un pasado tan turbio como Isabel Martínez de Perón.

Marcelo Caetano Sucedió a Salazar como primer ministro de Portugal en 1968 y siguió ocupando el puesto hasta la revolución de los claveles que acabó con la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1974. Durante su mandato se continuó con la política represiva del régimen conservador fundado por Salazar, además se agudizaron las guerras de independencia en Angola y Mozambique, donde el ejército portugués reprimió violentamente a los movimientos populares de liberación. Tras la revolución de abril del 74, que trajo la democracia a Portugal, Caetano se exilió en Brasil, por entonces gobernada por la dictadura militar, donde murió en 1980.

Erich Honecker Secretario General del Partido Socialista Unificado de Alemania desde 1971, 5 años después llega a la Jefatura del Estado de la República Democrática Alemana. El 18 de octubre de 1989 es obligado a dimitir por los miembros del Politburó, debido al desmoronamiento de la RDA y del bloque socialista en su conjunto. De la línea dura, Honecker nunca apoyó la política de apertura del dirigente soviético Gorbachev. Tras la integración de la RDA en la República Federal Alemana (RFA), Honecker huyó a la URSS. Temía ser juzgado por las muertes y torturas practicadas por el Estado durante sus años de mandato, ya que su régimen fue uno de los más brutales y represores de Europa del Este. En 1992, tras la caída del régimen comunista, las autoridades rusas extraditaron a Honecker a Alemania, donde fue juzgado para poco tiempo después ser liberado por su mal estado de salud. Honecker se exilió en el Chile post-pinochetista donde pocos meses después moriría de un cáncer de hígado.

Constantino II de Grecia El 6 de marzo de 1964 fue coronado rey de Grecia Constantino II, tras la muerte de su padre Pablo I. Su desdén hacia la democracia y afán de protagonismo llevaron al país a una crisis política sin precedentes que culminó con la dictadura de los coroneles. Su negativa a gobernar junto al partido Unión de Centro, mayoritario en el Parlamento griego, le llevaría a colaborar con la derecha nacionalista y los militares, quienes dieron un golpe de Estado el 21 de abril de 1967. El rey aceptó y apoyó el golpe, pero meses después, debido a su marginación política por parte de los militares que gobernaban el país, llevó a cabo un intento de contra-golpe para derribarlos. El levantamiento fracasó y Constantino II tuvo que abandonar el país. En 1974 finalizó la impopular dictadura de Georgios Papadopoulos y Grecia volvió a ser un país democrático. En un referéndum el país rechazó la vuelta a la Monarquía, por lo que Constantino II dejo de ser rey. Sin abandonar su exilio, Constantino aceptó la decisión del pueblo griego. A pesar de su inicial colaboración con un régimen represivo como el de los coroneles, Constantino siempre fue bien recibido en la democrática Europa, entre otras cosas, por sus vínculos familiares con las casas reales europeas; su hermana Sofia es la reina de España. Desde 1967 estableció su residencia permanente en Londres, donde disfruta de unas muy buenas relaciones con la Casa Real británica; es padrino del príncipe Guillermo, futuro monarca británico.

Charles Taylor Presidente de Liberia entre 1997 y 2003, su régimen fue conocido por los altos grados de corrupción y la colaboración con el tráfico de drogas, armas y minerales. Apoyó y financió a grupos rebeldes durante la guerra civil de la vecina Sierra Leona. En 2003 abandonó el país debido a las presiones internacionales por su oscuro papel en Sierra Leona y por que gran parte de Liberia había pasado a estar controlado por guerrillas contrarias a su régimen. Se exilió en Nigeria donde residió hasta que en marzo de 2006 fue detenido en la frontera con Camerún tratando de huir de la extradición a La Haya, donde sería juzgado por el Tribunal Internacional.

El viernes en un segundo post, seguiré con otros dictadores que desgraciadamente, y debido a la pasividad y complicidad de la comunidad internacional, han salido indemnes de años de constantes violaciones de los Derechos Humanos más elementales. Casos como el de Idi Amin, Mobutu, el sha de Irán o el filipino Ferdinand Marcos.