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viernes, 27 de enero de 2012

2012, un año de conflictos (II)


Egipcios en la Plaza Tahrir (fuente: monasosh)


Continuando con un post anterior, seguiré comentando los 30 conflictos que según el influyente think tank norteamericano Council on Foreign Relations, podrían marcar este año 2012. Si los primeros 10 eran potenciales conflictos que afectarían al sistema internacional de forma global, en este caso analizaremos 10 conflictos que tendrían un alcance regional.

Inestabilidad política en Egipto. Un año después de la llamada revolución egipcia, el país sigue sin tomar un rumbo claro en su democratización. Se han alcanzado importantes hitos como la dimisión del presidente Hosni Mubarak por la presión popular o la celebración de las primeras elecciones libres en la historia del país. Pero por otro lado la inestabilidad continúa siendo el factor dominante en el país árabe y todavía quedan algunos conflictos por resolver y que pueden dar al traste con el proceso democratizador. Primero el ejército sigue controlando el país aunque su líder, el mariscal Tantawi anunció recientemente que una vez el proceso democratizador se haya finalizado, se entregarían todos los poderes a las instituciones democráticas. Por otro lado las legislativas han dado un Parlamento dominado por los islamistas, moderados y radicales, lo que puede provocar la marginalización de los grupos laicos y de izquierda y de la minoría cristiana (8-10% de la población). También están por ver las consecuencias de un gobierno islamista sobre las relaciones con Israel. Por último aún queda por celebrar las elecciones presidenciales, que serán otra prueba de fuego para el proceso de transición egipcio. Todo ello en un contexto económico nacional muy negativo.

Grave crisis entre India y Pakistán por un gran ataque terrorista. El primer ministro indio no ha dejado de recordar a Pakistán que un nuevo atentado masivo como el de Bombay en 2008 será tomado por Nueva Delhi como un casus belli y podría llevar al país a la guerra con Pakistán. Esto se explica por la conocida relación de las fuerzas de seguridad e inteligencias pakistaníes con algunos de los grupos terroristas islamistas que operan en India. Es dificil pensar que un nuevo atentado en suelo indio lleve a los dos países a la guerra, teniendo en cuenta que ambos países son potencias nucleares declaradas, pero podría ser el inicio de una nueva escalada bélica en la región.

Incidente naval en el Mediterráneo entre Turquía e Israel. A pesar de que las relaciones entre estos dos antiguos aliados han empeorado de una forma exponencial durante los últimos 2 años es difícil que se de un episodio bélico entre ambos. Pero el papel que quiere representar Turquía en la región hará del Mediterráneo Oriental un escenario cada vez más hostil para Israel.

Intensificiación de la insurgencia en Afganistán. Es un escenario que ya se está dando y que explica porqué ahora los EEUU ven con buenos ojos la negociaciones con los otrora grandes enemigos que eran los talibán. 2012 será sin duda un año muy conflictivo en Afganistán, intensificado por el aumento de la inestabilidad política en la región (Irán, Pakistán, Asia Central).

Guerra civil en Siria y una posible intervención exterior. Cumplido ya casi un año del inicio de las revueltas en siria, el conflicto parece entrar en una nueva fase. Si bien dista todavía de parecerse a una guerra civil ya que el “bando” presidencial cuenta con una superioridad militar incuestionable y controla casi la totalidad del país, pocas bazas más tiene al Assad. La utilización de los conflictos étnicos por parte del régimen pueden llevar a una espiral incontrolada de violencia que lleven al país a un escenario parecido al del Líbano durante los 80. Esta guerra intersectaria podría expandirse a los países vecinos, sobre todo a Líbano e Irak en los que ya se están dando los primeros síntomas. Una intervención exterior está todavía lejos de ser llevada a cabo tanto por el bloqueo de Rusia, uno de los pocos aliados del régimen sirio, como por las grandes implicaciones que tendría en un escenario hiper caldeado por diferentes conflictos (Egipto, Irak, Líbano, Irán, Bahrein).

Guerra civil en Yemen. Yemen es otro de los países junto a Siria, Bahrein o Libia dónde la primavera árabe se ha traducido en un largo conflicto entre opositores y partidarios del régimen. En este caso el presidente Saleh acaba de abandonar el país, dejando un escenario de incertidumbre. Aunque existe un acuerdo entre los opositores y los partidarios del régimen para nombrar un próximo presidente de consenso, la transición hacia un sistema más democratico está muy lejos de materializarse. Yemen se encuentra además sumido en diferentes conflictos; al norte el movimiento chií al Huthi libra una larga batalla contra el gobierno central, al sur los movimientos separatistas pretenden lograr la independencia de Adén y las provincias del meridionales. Por último Al Qaeda, aprovechando la situación de caos, ha pasado a controlar algunas zonas del país, la última en caer ha sido Abyán. El mayor peligro sería que la situación en Yemen se desbordase y afectase a la vecina Arabia Saudí.

Aumento de la violencia intersectaria en Irak. Desde que las tropas estadounidenses abandonaran Irak en 2011, la situación está empeorando por momentos. El gobierno del chií al Maliki está llevando a cabo una política cada vez más autoritaria, poniendo en el punto de mira a la minoría sunní. Además los atentados terroristas siguen causando decenas de víctimas casi a diario. Un empeoramiento de la situación en Siria o Irán podría ser la gota final que desborde el vaso en Irak.

Un conflicto en el Mar de la China Meridional por diferentes reivindicadiones territoriales. El Mar de la China Meridional abarca un territorio en el que diversos países han planteado reclamaciones. En algunos casos estas reclamaciones se superponen sobre todo en los casos de Filipinas con China y Vietnam con China. Durante el 2011 se han dado diversos episodios en torno a este escenario y en los que China ha mantenido una posición bastante belicosa. La posibilidad de un episodio bélico limitado en torno al Mar de la China Meridional es alta y cada año adquiere mayor relevancia según Pekín va adoptando una posición más hegemónica en la zona.

Un ataque masivo sobre Israel. El único país que podría llevar a cabo este ataque sería Irán, pero es muy difícil que lo haga sin una provocación seria. Un bombardeo israelí de las instalacioes nucleares iraníes, escenario que puede ser una realidad en pocos meses, sí que desencadenaría un ataque masivo contra Israel, no sólo por parte de Irán, también de sus aliados de Hezbollah en Líbano y Hamás en Gaza.

Inestabilidad en Bahrein y posibilidad de intervención de Irán o Arabia Saudí. En el caso de Bahrein parece que el conflicto se halla en estado latente tras meses de represión gubernamental. Como en el caso de Israel, es difícil que Irán intervenga en Bahrein sin una provocación grave anterior, en el caso saudí el país ya ha intervenido militarmente y ayudado a reprimir violentamente a los manifestantes contrarios a la monarquía. Una revuelta de la población chií de Arabia Saudí (aproximádamente un 25% de la población) se etendería sin duda a Bahrein donde los chiíes son mayoría (70%) pero son marginados por la monarquía sunní.

En un tercer post comentaré los últimos 10 conflictos que podrían marcar el 2012, en este caso los que tienen una proyección mucho más reducida y que se enmarcan en un contexto más nacional.

Mapa mostrando los conflictos comentados en el post (CFR.org)



miércoles, 18 de enero de 2012

2012, un año de conflictos (I)


Portaaviones USS John C. Stennis pasando por el Estrecho de Hormuz (US Navy Imagery)


El “Center for Preventive Action” algo así como el Centro de Acción Preventiva, perteneciente al think tank estadounidense Council on Foreign Relations, ha elaborado una lista de los posibles conflictos que podrían marcar este año 2012. Es muy útil a la hora de identificar los principales puntos calientes (hotspots) del planeta y nos puede ayudar a la hora de adivinar cuáles van a ser los temas más importantes de política internacional durante este año, y por tanto dónde tenemos que centrar nuestra atención en el marasmo informativo que supone el mundo de las relaciones internacionales. Hay que tener en cuenta que el estudio lo realiza el CFR, lo que supone que por un lado representa el punto de vista de un think tank norteamericano con todo lo que ello implica en cuanto a prioridades estratégicas. Por otro lado se trata de un think tank preferentemente conservador y muy relacionado con los círculos de poder de Washington, lo que implica una predisposición a destacar unos conflictos sobre otros o a intensificar o disminuir la importancia de algunos de ellos según los intereses políticos que representan. Teniendo en cuenta todo ello a lo largo de 3 artículos iré presentando los 30 conflictos que según el CFR marcarán posiblemente el 2012, esto no quiere decir que se producirán todos los conflictos durante el presente año, sería difícil, o que no se produzca ninguno, más difícil todavía, pero sí implica que hay cierta probabilidad de que estallen.

Los primeros 10 conflictos, de los que hablaré en este post, son amenazas que implicarían directamente a los EEUU y que supondrían una amenaza de carácter global.

Ataque masivo contra EEUU o países aliados. Hace clara alusión al peligro de que se produzca un gran atentado terrorista en los EEUU o en los países de la OTAN (Europa). La probabilidad es baja por dos circunstancias, la simbólica; la muerte de Bin Laden ha dejado descabezado al núcleo de Al Qaeda, el que más capacidad tenía de planear atentados de este tipo; la estratégica, los grupos terroristas islamistas están ahora más centrados en “campos de batalla” más cercanos: Magreb, Irak, Afganistán, Yemen y Pakistán, además hay que sumar los nuevos escenarios que las consecuencias de la primavera árabe han abierto a estos grupos: Libia y Siria.

Crisis en Corea del Norte. Si bien la posibilidad de conflicto en la península de Corea viene siendo tónica general desde el armisticio de 1953, la probabilidad no ha hecho más que aumentar, primero desde que durante los 90 Corea del Norte comenzase con su programa nuclear y desde hace pocas semanas por el cambio sucesorio en la cúpula de poder en Pyongyang por la muerte del líder norcoreano Kim Jong Il, sucedido por su hijo Kim Jong Un. La llegada de Kim Jong Un al poder puede provocar dos escenarios potencialmente peligrosos, por un lado que el nuevo líder, jóven y sin gran experiencia de liderago, adopte una retórica belicosa para legitimarse ante el establishment norcoreano y lleve a cabo algún tipo de ataque limitado contra Corea del Sur. Un segundo escenario; que Kim Jon Un no cuente con la lealtad de todos los altos mandos militares y o bien se suceda una guerra por el poder o bien algunos de estos mandos desleales inicien un ataque contra Corea del Sur con el objetivo de desestabilizar al gobierno de Pyongyang. Fuese lo que fuese Corea del Norte será uno de los puntos calientes durante el 2012.

Incidente militar entre China y EEUU o un aliado. Muy poco probable, incluido en la lista para resaltar el crecimiento de la amenaza china en Asia. La situación en Taiwan, que es el principal punto de fractura geopolítico entre Washington y Pekín está muy estabilizada gracias a la reciente victoria del candidato pro-Pekín en las elecciones presidenciales taiwanesas.

Crisis nuclear iraní. Es probablemente el tema internacional principal del 2012. El programa nuclear iraní ha alcanzado supuestamente un nivel de desarrollo crítico para EEUU e Israel. El posible bombardeo aéreo de las instalaciones nucleares iraníes por parte de Israel o EEUU podría desencadenar un conflicto regional de desastrosas consecuencias, que implicaría también a las monarquías del Golfo Pérsico. La reciente profusión de noticias, comunicados etc... sobre la situación iraní apunta a que en breve podemos tener un desarrollo de acontecimientos importantes en la región.

Gran ciberataque a infraestructuras esenciales de los EEUU (telecomunicaciones, electricidad, servicios financieros, transporte...). Se trata de una amenaza cada vez más relevante y sobre todo difícil de medir.

Aumento de la violencia ligada al tráfico de drogas en México y su expansión a los EEUU Las elecciones presidenciales y parlamentarias de julio en México cambiarán muy probablemente la “guerra contra el narcotráfico” del presidente Calderón que ha provocado el aumento de la violencia en el país hasta niveles nunca vistos. Una probable victoria del PRI relajará el conflicto y se buscarán nuevas maneras de lidiar con este importante problema.

Grave inestabilidad en Pakistán por un golpe de Estado o ataques terroristas. Es junto a la crisis iraní el escenario más probable, y por tanto será uno de los temas principales del 2012. El actual enfrentamiento entre el gobierno civil, elegido democráticamente y la cúpula militar, con gran poder y autonomía en el país, puede llevar a un golpe de Estado militar. No sería ninguna excepción en una historia, la de Pakistán, plagada de intervenciones militares. Un nuevo golpe militar aumentaría sin duda el nivel de conflictividad de un país casi fallido, donde existen zonas fuera del control del gobierno y donde la violencia terrorista e inter-sectaria está a la orden del día. Sin olvidar que Pakistán es una potencia nuclear.

Inestabilidad política en Arabia Saudí. Por ahora Arabia Saudí y el resto de monarquías petroleras del Golfo (a excepción de Bahrein) se han librado de las revueltas sociales de la primavera árabe a pesar de ser regímenes igual o más despóticos que los de Egipto, Libia o Túnez. Pero la primavera árabe ha demostrado ser imprevisible y no pocos autores apuntan a que en Arabia Saudí podrían darse grandes revueltas sociales durante este año. Por otro lado un conflicto en el Golfo por el programa nuclear iraní, que implicaría de lleno a Arabia Saudí principal rival de Teherán en la región, podría provocar un levantamiento de la población chií del país, que supone alrededor de un 25% del total y que son mayoría en las provincias del Este, donde se extrae la mayor parte del petróleo saudí. Cualquiera de estos dos escenarios tendría un gran impacto mundial, primero porque Arabia Saudí es el principal exportador mundial de petróleo y segundo porque es un país con un importante peso militar y religioso en el mundo musulmán.

Enfrentamiento militar entre los EEUU y Pakistán. Las relaciones entre estos dos países, anteriormente aliados, se han ido deteriorando durante el 2011. Los EEUU siempre han sido un aliado incómodo e Islamabad mira ahora hacia China como socio regional más apetecible. Una llegada al poder de militares contrarios a los intereses de Washington o influenciados por el islamismo radical podría comportar una respuesta armada por parte de los EEUU.

Intensificación de la crisis de la deuda europea y colapso del euro que llevaría a los EEUU a una nueva recesión económica. Junto a la crisis iraní y Pakistán, el colapso de la eurozona constituye la tríada de temas internacionales que marcarán sin duda el 2012. A pesar de que durante las primeras semanas parece haberse relajado el ataque especulativo sobre el mercado de deuda europea, la falta de soluciones de los gobiernos europeos, principalmente el alemán, y la apuesta ciega por la austeridad, que está llevando a los países hacia la recesión, no hará más que intensificar el problema y acercará a la eurozona hacia el colapso. Tres son las amenazas que recaen sobre el euro: que un país entre en bancarrota, los principales candidatos son Grecia, Italia o Portugal, que un banco quiebre desencadenando un efecto dominó sobre todo el sistema bancario, principales candidatos los bancos portugueses o el italiano Unicredit, y una intensificación del ataque especulativo llevando los intereses de deuda a niveles inasumibles. Por de pronto la recesión es ya una realidad en Europa, el Banco de Portugal ha anunciado una caída del 3,1% del PIB portugués para este año, en el caso italiano será una caída estimada del 1,5%, Grecia lleva años en crecimiento negativo. La defensa de la austeridad y los recortes sociales, basadas en un dogmatismo peligrosamente ideológico llevará a un deterioro de la economía europea y veremos importantes revueltas a lo largo y ancho del continente.

En el próximo post comentaré los siguientes 10 conflictos que podrían marcar la actualidad internacional en 2012, en este caso los de un alcance más regional.

Mapa mostrando los conflictos comentados en el post (CFR.org)

martes, 31 de mayo de 2011

¿Son los ricos cada vez más ricos?


Uno de los lemas que más se corean desde la izquierda es que al margen de que la situación económica mejore o empeore, los llamados “ricos”, ese grupo de personas en la cúspide de la pirámide económica y social de un país, siempre son más ricos y van acaparando más y más riqueza. En el contexto actual de crisis se vuelve a señalar a “los ricos” como aquellos que se están lucrando de la situación y que siguen enriqueciéndose a pesar de que para el resto de la población la cosa va de mal en peor. Desde posiciones más conservadoras se suele defender que esta idea de que un pequeño porcentaje de la población cada vez acapara un mayor porcentaje de la riqueza es sólo un mito espoleado por la izquierda más rancia. Según esta derecha neoliberal, el progreso económico suele repercutir en el bienestar de toda la población y sólo en países no capitalistas o subdesarrollados es donde una pequeña minoría cada vez consigue acaparar mayor riqueza.

Para salir de dudas y gracias a la gran base de datos de The Guardian, uno de los diarios británicos de mayor prestigio, podemos ver si el mito del que venimos hablando es una realidad o una manipulación política y demagógica. The Guardian ha recopilado el porcentaje de la riqueza que en algunos países acaparan dos sectores de la población: el 1% más rico del país, es decir, a los que solemos aludir cuando hablamos de “ricos”, y el 10% más ricos del país, es decir, se amplía el porcentaje para acaparar a toda la clase alta. Por tanto gracias a estos datos podemos ver por un lado que porcentaje de la riqueza nacional acaparan los más ricos y que porcentaje acapara la clase alta en su conjunto, y su evolución histórica. Los países de los que The Guardian ofrece datos son generalmente países democráticos y capitalistas, aunque también de otros países relevantes como China.

Los primeros datos que tenemos sobre Alemania nos retrotraen al año 1891. Nos encontramos ya en el reinado del káiser Guillermo II y en plena fiebre colonial e imperial alemana. Con la segunda revolución industrial en marcha Alemania se situaba entonces como una de las grandes potencias políticas y económicas del mundo al lado de las potencias clásicas como Gran Bretaña y Francia. Por entonces el 1% más rico acaparaba más de un 17% de la riqueza nacional, mientras que la clase alta (el 10% más rico de la población) compuesta por industriales, empresarios, nobles etc... controlaba casi un 40% de la economía. La Primera Guerra Mundial supuso un auténtico cambio en esta situación: si en 1918 el 1% más rico controlaba el 22% de la economía en 1926 controlaba sólo el 11%. En ese mismo año, cuando ya Alemania era una república democrática, la clase alta acaparaba el 32,5% de la riqueza. La situación no cambió sustancialmente hasta la llegada de Hitler al poder. A pesar del carácter popular del movimiento nazi los más ricos (el 1% de la población) pasaron a suponer del 11% en 1933 al 16% de la riqueza en 1938. La derrota durante la Segunda Guerra Mundial, el fin del nazismo y la vuelta a la democracia supone una vez más que los alemanes más ricos pierden peso, tan sólo controlando un 11% de la riqueza en 1950, mientras la clase alta sigue controlando en torno al 34% de la economía. Desde entonces y hasta 1998, fecha del último dato ofrecido por The Guardian, los porcentajes se han mantenido iguales.

Para el caso de Argentina los datos comienzan en 1932. Ya por entonces el peso económico del 1% más rico de la población era considerable, acaparaban hasta un 18,8% de la riqueza. Hasta 1943 este porcentaje no para de crecer alcanzando ese año el 26%. Desde entonces comienza una progresiva pérdida de peso económico de los más ricos, llegando a acaparar durante los primeros años setenta tan sólo el 7,4% de la riqueza. Del año 73 The Guardian salta hasta 1997 cuando los más ricos han logrado acaparar el 12,4% de la riqueza, cifra que se dispara curiosamente a partir de la crisis de 2001 hasta casi el 17% en el 2004.

El rango de datos que The Guardian ofrece sobre China se limita a los años 1986 a 2003. En 1986 la China comunista estaba en proceso de abandonar la economía planificada típica de los países socialistas y había apostado por el desarrollo de una economía capitalista. Por entonces el 1% más rico de la población acaparaba tan sólo un 2,65% de la riqueza, mientras que el 10% más rico, generalmente formada por miembros de la nomenklatura comunista acaparaba un 17%. En 2003, 17 años después, la economía capitalista ya está implantada y el 1% de población más rica ya controla un 5,9% de la riqueza, mientras que el 10% más rico controla el 28%. En el caso chino los datos demuestran que el espectacular crecimiento económico ha repercutido más en las clases altas ya que han pasado a controlar un porcentaje mayor de la riqueza del país.

El primer dato para España nos lleva al año 1981, ya con un sistema democrático y con un gobierno de centro-derecha. Entonces los más ricos controlaban el 7,5% de la riqueza nacional, mientras que la clase alta el 32,6%. Entre 1982 y 1996 gobernó el PSOE, partido socialdemócrata, con Felipe González. En 1996 los porcentajes eran idénticos a los de 1981 lo que revela que durante los casi 14 años de gobierno de González no se logró una mejor distribución de la riqueza. Entre 1996 y 2004 gobernó el Partido Popular, conservador, con José María Aznar. Durante estos ocho años el 1% más rico pasó de controlar un 7,93% a un 8,62% de la riqueza, y el 10% más rico del 33,5% a un 33%. Por lo que podemos concluir que el gobierno del PP favoreció ligeramente a los más ricos pero no a la clase alta en su conjunto.

En 1917 año en que los Estados Unidos aún eran una potencia secundaria, y año en que entraron en la Primera Guerra Mundial, los más ricos del país controlaban casi el 18% de la economía y la clase alta el 40%. En 1941 año en que los EEUU entraron en la Segunda Guerra Mundial, los porcentajes estaban en el 15% y 41% respectivamente. Desde entonces los porcentajes van descendiendo hasta finales de los años 70. En 1978 los porcentajes eran del 7,95% y del 32,44%. Desde entonces y con la implantación del discurso neoliberal sobre todo a partir de la presidencia de Reagan, los porcentajes se disparan. Tras el fin del gobierno Reagan en 1989 los porcentajes se situaban en el 12,61% y 38,47. En 2008 , tras el fin de la presidencia de George W. Bush los porcentaje habían subido hasta el 17,67% y 45,6%.

Los primeros datos de Francia señalan que en 1905, cuando el país era uno de los principales imperios coloniales, el 1% más rico controlaba el 19% de la economía y el 10% más rico el 45%, por tanto se trataba de una sociedad muy desigual. La situación no empieza a cambiar hasta los años 30 y 40 cuando diversos acontecimientos históricos; la crisis del 29, los gobiernos de izquierda del Frente Popular, la segunda guerra mundial, provocan un cambio en la distribución de la riqueza. En 1950 el porcentaje de riqueza controlado por los más ricos había descendido al 9% y al 32% el controlado por el 10% más rico. Desde entonces y hasta 2006 las cifras no han variado casi nada, lo que demuestra que en Francia los ricos no son cada vez más ricos, al contrario que en los casos anteriores de China, Argentina o Estados Unidos.

En India, años de políticas sociales y de gobiernos social-liberales del Partido del Congreso Indio, fundado entre otros por Gandhi, han permitido que los estratos más ricos de la sociedad india no acaparan un porcentaje de riqueza nacional desmesurado. Si en 1947, cuando el país se independizó, el 1% de la población más rica controlaba el 11% de la riqueza, en 1999 el porcentaje era del 9%. Pero cabe recordar que entre 1999 y la actualidad la economía india ha crecido a un ritmo muy elevado y no sabemos si esto ha favorecido a las clases altas, como el caso chino, o no ya que no tenemos datos de años posteriores.

El rango de datos ofrecidos para el caso de Italia tampoco es muy extenso y se limita a los años comprendidos entre 1974 y 2004. Durante estos 30 años los más ricos de Italia han pasado de controlar un 7,4% de la riqueza nacional a un 9%. Por tanto en este caso los ricos italianos sí que se han ido enriqueciendo cada vez más pero a un ritmo muy lento.

Japón a pesar de ser un país de grandes empresas e industrias, es también conocido por su gran igualdad social en cuanto a la distribución de la riqueza. Veremos si los datos así lo demuestran o no. Entre 1886, primer dato, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial los datos señalan que el Imperio Japonés era una sociedad muy desigual donde en torno al 19% de la riqueza iba parar a manos del 1% más rico. Todo ello cambia a partir del fin de la guerra. En 1950 los más ricos sólo controlaban un 7,7% de la riqueza nacional y en 55 años el porcentaje tan sólo ha subido al 9%. A pesar de ello la subida se dispara a partir del 2000. Si entre 1950 y 2000 el porcentaje había pasado del 7,7% al 8,2%. En 5 años pasa del 8,2% al 9,2% de 2005. Es decir en 5 años sube el doble de lo que antes había subido en 50 años.

Noruega es uno de los países en los que se suele pensar a la hora de hablar sobre una sociedad igualitaria, pero como veremos con los años el mito se ha debilitado. En 1888 cuando Noruega era un país pobre y de la periferia europea, los más ricos controlaban casi el 21% de la economía, y la clase alta casi el 50%. En 1929 al calor de la crisis económica, y con una cada vez mayor implantación de la socialdemocracia en la política noruega, los más ricos controlaban casi el 13% de la economía y la clase alta poco más del 40%. De los años 50 a los 90, coincidiendo con la hegemonía del Partido Socialdemócrata, los porcentajes bajaron al 4,45% y 22,56% respectivamente, siendo una de las sociedades más igualitarias de Europa. Pero a partir de la década de los 90 el panorama cambia y en 2005 los más ricos controlaban hasta el 10-12% de la economía y la clase alta entre el 30-32%.

En 1976 en Portugal, 2 años después de la caída de la dictadura tras la revolución de los Claveles, el 1% de la población más rica acaparaba el 7,9% de la economía y el 10% más rico el 31,7%. Desde entonces los porcentajes han ido aumentando poco a poco situándose en 2005 en el 9,77% y 38,25% respectivamente.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial en el Reino Unido el 1% de la población más rica controlaba un 19,2% de la economía, mientras que la clase alta controlaba el 37%. En 1949 al acabar la Segunda Guerra Mundial esos porcentajes habían bajado al 11,5% y 32,3% respectivamente. Desde entonces los porcentajes van descendiendo hasta 1978 cuando las ideas neoliberales comienzan a implantarse en el discurso político. Ese año los más ricos sólo controlaban el 5,7% de la economía y la clase alta el 27,8%. Desde entonces los porcentajes vuelven a subir. En 2005 los más ricos controlaban el 14,3% de la economía y la clase alta casi el 42%.

Sudáfrica es un caso muy curioso. Hasta 1994 estuvo gobernada por el régimen racista del apartheid. Un año antes, en 1993 el 1% más rico acaparaba el 10,3% de la riqueza, y la clase alta, mayoritariamente de población blanca, controlaba casi el 42% de la economía. A partir de 1994 el país se democratizó y desde entonces la escena política ha estado controlada por el partido de Nelson Mandela, el Congreso Nacional Africano. Contra lo que se podía esperar, durante estos años el país cada vez es económicamente más desigual. En 2006 los más ricos controlaban el 16% de la economía y la clase alta el 43%.

En conclusión, globalmente sí que podemos afirmar de forma clara que el sector de la población con un nivel económico más alto cada vez acapara más riqueza en comparación con el resto de la sociedad Si durante los años 50 y 60, años de gran bonanza económica, los beneficios se repartieron de una forma más igualitaria, durante los 90, cuando se dio un segunda periodo de gran crecimiento económico, los beneficios han ido a parar mayoritariamente a las clases adineradas. Vemos como a partir de los 80 en la mayoría de países la desigualdad va aumentando, destacando los casos de Reino Unido o Estados Unidos. En los países de la Europa continental el aumento es más lento debido sobre todo a las políticas sociales y de redistribución de la riqueza típicas del Estado de Bienestar europeo. Por último en China el boom económico ha permitido que las desigualdades económicas sean mayores, sin llegar al nivel de los EEUU u otros países occidentales.

A continuación os dejo dos gráficos caseros para que podáis ver de forma clara todo lo que he contado antes y el link a la base de datos de The Guardian.
Porcentaje de la riqueza nacional que controla el 1%  más rico de la población

Porcentaje de la riqueza nacional que controla el 10% más rico de la población

http://www.guardian.co.uk/news/datablog/2011/may/16/top-income-earners?CMP=twt_fd aquí podéis ver los datos en los que me he basado para el post y los gráficos


viernes, 25 de marzo de 2011

2011, el fin de una era en Japón


Que el terremoto que ha asolado el noreste de Japón va a marcar un antes y un después en la historia de Japón no es nada nuevo. Un desastre natural como este tendría tal impacto en la economía y sociedad de cualquier país del mundo que supondría un punto de inflexión para el Estado afectado. Si a esto añadimos una crisis política y una parálisis económica que dura décadas, Japón se encuentra sin ningún lugar a dudas en el fin de una etapa y comienzo de una nueva. Desde 1945 hasta la actualidad Japón se ha caracterizado por tener una economía potente, un sistema político muy particular, que bajo un aparente sistema democrático oculta una compleja red de intereses burocráticos e industriales, y una escasa presencia diplomática y militar. En la órbita de Washington desde que el país capitulase ante las fuerzas aliadas en agosto de 1945, Tokio siempre se ha situado en un segundo plano en los asuntos internacionales, incluso durante la Guerra Fría. Impopular en Asia por su pasado imperialista y las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1947 Japón centró su atención en aquello que mejor sabía hacer desde la industrialización del país durante la Era Meiji, construir una potente economía. Desbancando incluso a la URSS, Japón ocupó el segundo puesto en el ranking de las mayores economías del mundo durante décadas. Aún con un estancamiento económico y períodos contínuos de recesión desde 1991, no ha sido hasta el año pasado que el país asiático ha perdido el puesto de segunda economía del planeta, para cedérselo a su histórica rival China.


En el plano político Japón, a pesar de haber adoptado el sistema democrático liberal tras la Segunda Guerra Mundial, ha desarrollado un modelo sui generis basado en la primacía política del partido Liberal Democrático, de tendencia conservadora, y en el control del proceso político por parte de una potente burocracia estatal, influenciada a su vez por los grandes grupos industriales que controlan la economía nipona. Con un sistema de partido hegemónico, y por tanto estable, se podría suponer que surgirían fuertes personalidades políticas con una gran influencia en el panorama internacional. La realidad sin embargo ha sido muy diferente. A pesar de tener un sistema donde es prácticamente el mismo partido el que gobierna desde hace décadas, el partido en sí, en este caso el Liberal Democrático (LDP), presenta numerosas tendencias ideológicas y facciones personalistas en lucha por dominar el conjunto del grupo político. Esta atomización interna ha tenido dos consecuencias; la gran inestabilidad de los gobiernos del Partido Liberal Democrático, con continuos cambios de gobierno y primer ministro según se formaban nuevos equilibrios internos, y el surgimiento de nuevos partidos políticos nutridos por desafectos del LDP, que con el tiempo han sabido organizarse como alternativa política. Desde 1947 se han sucedido 30 primeros ministros y 49 gobiernos, la gran mayoría del LDP, lo que no ha ayudado en absoluto a que Japón tenga una voz política clara y contundente en el mundo.

Diplomáticamente hablando, Japón no ha podido definirse más allá de su papel de segunda potencia económica y como fiel aliado de los EEUU. La inestabilidad política inherente al sistema japonés no ha ayudado, pero otros factores también han impedido que el país nipón se perfilase como una potencia en Asia u otras partes del planeta. La principal causa ha sido la pesada herencia de la Segunda Guerra Mundial. El recuerdo del sangriento dominio japonés en algunas zonas de Asia durante la Guerra Mundial e incluso antes ha supuesto un auténtico cortapisas para Tokio a la hora de establecer relaciones fluidas con muchos países del continente asiático. En Corea del Sur, a pesar de compartir el mismo sistema político y económico y una alianza militar con los EEUU, la imagen de Japón sigue recordando a las masacres del ejército nipón durante las primeras décadas del siglo XX. En China, Vietnam o Indonesia el recuerdo de estos oscuros episodios del dominio japonés fueron vitales a la hora de aislar a Tokio durante décadas. El papel secundario de Japón durante la Guerra Fría queda plasmado en la nula participación del país en las organizaciones regionales creadas durante estos años o en los conflictos surgidos en el continente, a pesar de ser la principal potencia económica asiática durante el periodo.


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Este papel más bien forzado de Japón durante décadas, el ser un gigante económico pero un enano político y militar, empezó a entrar en crisis en los 90. Para un país cuya razón de ser desde 1945 había sido el desarrollo de una potente economía, la entrada en recesión a partir de 1991, por el estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera, supuso un auténtico terremoto para la conciencia nacional nipona. A partir de entonces el sistema japonés, caracterizado por ser una potencia económica bajo el dominio del partido Liberal Democrático, comenzó a quebrarse poco a poco. A pesar de continuar ocupando la segunda plaza como potencia económica mundial, sólo por detrás de EEUU, Japón quedó rezagada del resto de países durante los años 90. En 1993 por primer vez desde 1948 el primer ministro no procedía de las filas del partido Liberal Democrático, aunque sí de un partido surgido de descontentos del LDP, el Japan New Party. Aunque de nuevo bajo la batuta de los conservadores a partir de 1996, la crisis del sistema continuaría. La Guerra contra el Terrorismo supuso para Tokio la primera oportunidad de participar en operaciones militares fuera de sus fronteras. George W. Bush, deseoso de contar con una alianza lo más amplia posible, permitió la participación del ejército japonés en la pacificación de Irak tras la Guerra de 2003. Prohibido por su Constitución, redactada por diplomáticos y militares norteamericanos que temían un renacer del militarismo japonés, Tokio pudo por fin utilizar su ejército para lograr una mayor presencia diplomática en el escenario internacional. Japón poco a poco se desembarazaba de las consecuencias de la derrota del 45.


Pero no será hasta 2006 que Japón se encuentre ante la evidencia de que su sistema y su papel en el mundo van a ser muy diferentes durante las siguientes décadas. En septiembre de 2006 dimitió Junichiro Koizumi, uno de los primeros ministros más populares desde el estallido de la crisis económica japonesa en 1991. En tan sólo tres años se sucederán en el poder tres primeros ministros, Shinzo Abe, Yasuo Fukuda y Taro Aso, todos del mismo partido, el conservador LDP. Mientras tanto la República Popular China no sólo comenzaba a ser una amenaza real tanto política como militar para Japón, sino que además empezaba a escalar posiciones y se colocaba como tercera potencia económica del mundo, muy cerca del país nipón. En medio de una crisis de identidad cada vez más latente, el 30 de agosto de 2009 se produjo un vuelco electoral de proporciones históricas. Por primera vez desde 1993 y por segunda vez desde 1949 el LDP fue vencido en las urnas. El partido del sistema tan sólo consiguió un 26,7% de los votos frente al centrista y opositor Partido Democrático que consiguió el 42,4%. El partido ganador, creado en 1998 entre desafectos del LDP y partidos de la oposición, pasó a controlar las dos cámaras legislativas.


Durante los siguientes años la crisis política y sistémica ha seguido su camino. El Partido Democrático ha sufrido los mismos problemas que el LDP y se ve sacudido por rivalidades internas. Además Japón ha comenzado a sufrir las duras consecuencias de la crisis económica internacional. El 8 de junio de 2010 el primer ministro Yukio Hatoyama dimitió debido a su impopularidad entre la población y su incapacidad de manejar las desastrosas consecuencias de la crisis financiera internacional. Le sustituyó Naoto Kan, también del Partido Democrático. Durante el año 2010 Japón ha sido sacudida por todo tipo de males. Las crisis económica internacional se ha cebado con Japón, aún en proceso de recuperación de la crisis de los noventa. El déficit presupuestario se ha situado en un alarmante 10%. Además durante el año 2010 todos las instituciones económicas han confirmado lo que ya se esperaba tarde o temprano; China superaba a Japón y se colocaba como segunda potencia económica mundial. Durante el resto de 2010 la incapacidad del gobierno de Naoto Kan para mejorar la situación económica se ha sumado a los desastres. diplomáticos con China y los EEUU. Buscando una política exterior multivectorial, el gobierno de Kan optó por un acercamiento a Pekín, provocando un enfriamiento de las relaciones con Washington. Pero el encontronazo entre China y Japón por la mutua reivindicación de algunas áreas del Mar de China, que causaron a finales de 2010 una grave crisis diplomática entre ambos países, ha supuesto el abandono de esta nueva línea de la política exterior, no sin antes haber manchado las tradicionalmente impolutas relaciones con los EEUU. La adquisición de armas nucleares por parte del régimen norcoreano también ha supuesto desde 2006 una amenaza de primer grado para Japón.


Logo del Partido Democrático
Durante la mañana del 11 de Marzo de 2011 por tanto parecía que la crisis japonesa no podía ir a más. Japón había perdido el orgullo de ser la segunda economía mundial frente a su principal rival geoestratégico,  en los últimos 5 años había tenido 6 primeros ministros y se hallaba en un entorno peligrosamente conflictivo con una potencia vecina en pleno auge (China) y un estado rebelde con armas nucleares (Corea del Norte). Un país que además había sufrido una recesión económica cuya recuperación estaba siendo frustrada por la enorme deuda pública que el estado había acumulado durante las dos últimas décadas y que doblaba su PIB. Pero el desastre final aún estaba por llegar.


Horas antes de que el terremoto y el tsunami se produjesen el gobierno del primer ministro Kan parecía tener los días contados. Con una popularidad del 20% Kan se encontraba al borde de la dimisión o de la convocatoria de elecciones anticipadas. Tan sólo 4 días antes el Ministro de Asuntos Exteriores, Seiji Maehara, había tenido que dimitir por recibir donaciones ilegales (en este caso de una ciudadana extranjera, surcoreana, prohibido en Japón). Además el control de la Cámara Alta por parte del partido de la oposición, el LDP, amenazaba con bloquear la aprobación del presupuesto del gobierno Kan para el período 2011-2012. El poco margen de maniobra del primer ministro en la economía, debido a la ya astronómica deuda pública japonesa (200% del PIB), dejaba en evidencia el desastroso estado de la contabilidad nacional. Tras más de 20 años de crecimiento bajo o nulo en 2011 la economía japonesa se esperaba que creciese un mísero 1,7%. Años de bajos impuestos y derroche por parte del Estado han llevado a Japón a una situación muy peligrosa y al borde del colapso financiero. El país se ha salvado por ahora del castigo de los mercados debido a que, al contrario que en Europa, la mayoría de la deuda pública es comprada por los propios ciudadanos japoneses y no por los mercados internacionales.

El terremoto y el tsunami de 2011, más allá de las consecuencias humanas y materiales, supondrán para Japón el simbólico fin de una era. Una etapa caracterizada por ser la segunda potencia económica, ocupar un segundo plano en la diplomacia mundial y estar gobernada por un partido hegemónico, el LDP. A partir del 11 de marzo Japón se verá empujado a desempeñar un nuevo papel en las relaciones internacionales, no sólo por su propia evolución interna, sino por los grandes cambios en el contexto internacional. 

Pocos son los ejemplos en la historia de una potencia económica que no acabe por desarrollarse como potencia diplomática y militar. Japón y Alemania podrían ser, si no los únicos ejemplos, sí los más claros. Pero estos ejemplos son más artificiales que reales; durante décadas tanto Japón como Alemania han sufrido la limitación de sus actividades diplomáticas y militares tanto por la contención de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial como por el propio complejo histórico por las actividades cometidas en el pasado. Pero 1945 ya queda muy lejos y EEUU, ante un auge de las potencias emergentes, necesita una Alemania y un Japón implicados en los asuntos internacionales. Si Alemania ya logró cierto margen de maniobra a partir de la reunificación y actualmente goza de plena autonomía diplomática (lo que quedó patente la semana pasada con su abstención en el Consejo de Seguridad en la votación por la zona de exclusión aérea de Libia), Japón aún no ha dado el paso. Pero las circunstancias le van a empujar a ello por tres factores. La economía ya no puede servir como eje principal del ímpetu nacional japonés ya que la carrera la ha ganado definitivamente Pekín. Por otro lado el surgimiento de China como potencia regional empujará a Japón, tradicional contrapeso geopolítico, a desarrollar un ejército capaz de disuadir la amenaza china y una diplomacia capaz de crear una zona de influencia que agrupe a países recelosos de la nueva potencia. Por otro lado el progresiva debilitamiento de la influencia de EEUU en la zona creará un vacío de poder que será aprovechado por Japón, coordinando a los tradicionales aliados de Washington en la región (Taiwan, Corea del Sur, Filipinas, Tailandia). En el plano interno las consecuencias de la crisis económica y la amenaza exterior china supondrán, a medio plazo, el aumento del sentimiento nacionalista tanto en la política como en la sociedad niponas.

Los años que van desde 1947 hasta 2011 se verán con el paso del tiempo como un paréntesis o anomalía en la historia japonesa. Desde su surgimiento como potencia a finales del siglo XIX Japón ha sido un país fuertemente nacionalista y expansionista. La presencia de una China que amenace su propia supervivencia no sólo avivará estos sentimientos nacionalistas en Japón, sino que llevará a canalizar gran parte del esfuerzo japonés hacia la afirmación del país como potencia política y militar. En un mundo cada vez más orientado hacia el continente asiático Japón está llamado a cumplir un papel de primer orden en el nuevo sistema internacional que poco a poco se está dibujando.