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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los nacionalistas del Parti Québecois logran una victoria ajustada en las elecciones en Quebec

Júbilo en la sede del Parti Québecois
Fuente: The Guardian
Ayer 4 de septiembre Quebec, segundo Estado más poblado de Canadá (8 millones de habitantes, sólo superado por Ontario con 12) celebraba elecciones legislativas. Quebec destaca del resto de Estados canadienses por que los francófonos son mayoría (80% de la población, sólo 22% en el conjunto de Canadá) y los anglófonos representan tan sólo un 10% de la población (siendo mayoría en el resto del país). Esto ha permitido que sobre todo a partir de los años 60 surgiese un moviemiento político-social a favor de la independencia de Quebec del resto de Canadá. Este movimiento quedó plasmado con el surgimiento de partidos políticos, sobre todo el Parti Québécois (PQ), que hicieron de la independencia de Quebec su principal bandera electoral. Del amplio movimiento nacionalista también han ido surgiendo otros dos partidos políticos, Coalition Avenir de Québec (CAQ) de ideología conservadora (que contrasta con el ideario socialdemócrata del PQ) y Québec Solidaire (QS), que representa el nacionalismo quebequés más a la izquierda. Los Liberales de Québec son el único partido que no se define nacionalista y tiene su principal caladero de votos en la minoría anglófona. Al contrario que los liberales canadienses, que se definen de centro-izquierda, la filial liberal en Quebec tiende al centro-derecha. Desde 1970 liberales y PQ se han ido turnando en el poder.  Los liberales llevan gobernando desde el 2003 bajo el liderazgo del Presidente Jean Charest.

El sistema electoral de Québec es de circunscripción uninominal (First Past The Post) típico de los países anglosajones. El FPTP favorece al partido más votado y penaliza enormemente a los partidos con menos apoyos además de ayudar a la formación de mayorías absolutas. Las últimas encuestas pronosticaban que con el 36% de los votos el PQ conseguiría 66 diputados (de 125) y por tanto se alzaría con la mayoría absoluta, por el segundo puesto lucharían los liberales (29%) y el CAQ (25%), en último lugar aparecen QS 6%, Option Nationale (escisión a la izquierda del PQ) 2% y los Verdes 2%.

Resultados por circunscripción: PL (Rojo), PQ (Azul), CAQ (Morado), QS (Naranja)


Los resultados finales han dado la victoria al PQ pero con una ventaja mucho más reducida de lo anunciado por las encuestas. El PQ logra la victoria con el 31,9% de los votos (-3,2 puntos respecto de 2008) y 54 diputados, muy lejos de la mayoría absoluta (63). Muy de cerca le sigue el Partido Liberal de Charest con el 31,2% de los votos (-10,9) y 50 diputados. La CAQ consigue el 27,1% de los votos (+10,7) y 19 escaños y QS el 6% (+2,3) y 2 representantes. Option Nationale (1,9%) y los Verdes (1%) no entran en el Parlamento. La líder del PQ, Pauline Marois será la próxima presidenta de Quebec, siendo la primera mujer que ostenta este cargo. Su principal reto a corto plazo será gestionar las graves revueltas estudiantiles surgidas por el aumento de las tasas universitarias en el Estado. A largo plazo el principal reto de Marois será manejar la relación con el gobierno federal de Canadá, gestionar las consecuencias de la crisis económica internacional y un posible nuevo referéndum sobre la independencia.



Diputados 2012
Diputados 2008
% Votos 2012
% Votos 2008
Nº Votos 2012
Nº Votos 2008
Parti Québécois
54
47
31,90%
35,17%
1.393.540
1.141.751
Partido Liberal Quebec
50
64
31,21%
42,08%
1.361.618
1.366.046
Coalition Avenir Québec
19
9
27,06%
16,37%
1.180.758
531.358
Québec Solidaire
2
1
6,03%
3,78%
263.233
122.618
Option Nationale
0
.
1,90%
.
82.857
.
Verdes
0
0
1,00%
2,17%
43.517
70.393

Para una guía exhaustiva de las elecciones en Quebec os recomendamos el siguiente artículo http://welections.wordpress.com/2012/08/29/election-preview-quebec-2012/



martes, 21 de junio de 2011

El avispero sirio


Los acontecimientos de las últimas semanas apuntan a que Siria se dirige hacia el camino de la guerra civil. A pesar de que el régimen dictatorial sirio ha usado impunemente las fuerzas armadas para detener las protestas de forma brutal, estas no paran de multiplicarse por todo el país. Además las deserciones dentro del propio ejército están creando dificultades todavía mayores al régimen sirio. Lo que parece claro es que Siria ha llegado a un punto de no retorno, es decir, o se encamina hacia la guerra civil como Libia o el régimen se deshace de su presidente como pasó en Túnez o Egipto. Pero las repercusiones de un desmoronamiento del Estado sirio o de una guerra civil son mucho mayores que lo ya ocurrido en otros países árabes. Mientras que Túnez, Libia y Yemen son países periféricos del mundo árabe y Egipto se encuentra políticamente y geográficamente aislado del núcleo central árabe por Israel, Siria se halla en el corazón de Oriente Medio. Desde que en los albores del Islam la dinastía árabe omeya estableciese el califato en Damasco y en por la entonces helenizada Siria, la región ha constituido un eslabón clave para controlar el poder en el mundo árabe-musulmán. Desde su independencia en 1946 del dominio colonial francés, Siria ha jugado un papel primordial en el juego político de la región: tres veces se ha enfrentado militarmente a Israel, intervino decididamente en la guerra civil libanesa llegando a controlar el país hasta 2005 y fue Damasco uno de los pilares del panarabismo durante los 60 y 70 llegando a constituir una República Árabe Unida junto con Egipto entre 1958 y 1961. Por tanto su historia, su peso político y su situación geográfica hacen de Siria un país clave para la estabilidad y el equilibrio de poder en el mundo árabe.

División religiosa y étnica de Siria y el Líbano y principales focos de protesta contra el régimen sirio


Otro factor importante para entender las repercusiones de una Siria inestable es su diversidad étnica y religiosa. Debido a que la mayoría de estados árabes son invenciones de las antiguas potencias coloniales, principalmente Reino Unido y Francia, quienes crearon estados artificiales a lo largo y ancho de Oriente Medio, grupos étnicos y religiosos fueron divididos entre diversos estados, favoreciendo el control de algunas minorías sobre el resto de habitantes del país. Si en Irak fueron los suníes la minoría favorecida, en Siria han sido históricamente los chiíes alauitas, que constituyen alrededor del 12% de la población, aquellos que han dominado un país mayoritariamente suní. No es de extrañar que el régimen sirio, basado en el partido único Ba'ath de ideología panárabe socialista secular y en el clan de los Assad, se asienta en la minoría alauí. En Siria por tanto podemos encontrar en la actualidad tres grandes divisiones: la étnica, la religiosa y la política. Étnicamente la gran mayoría de la población es árabe. Si miramos el mapa que adjunto de Siria todos los grupos son árabes excepto los kurdos (en morado) que pertenecen a la familia indoeuropea y representan en torno al 9% de la población. También existen pequeñas comunidades turcas y armenias. En cuanto a la religión Siria es una auténtico mosaico de credos. La gran mayoría de la población, un 90%, es musulmana, pero pertenecen a diferentes ramas dentro del Islam. Los suníes representan un 74% de la población y lo forman los árabes suníes (en el mapa en naranja) y los kurdos (morado). Como podemos ver en el mapa se concentran en el oeste y el interior del país. Los chiíes representan un 13% de la población de los que la gran mayoría son chiíes alauitas (en rojo en el mapa), el resto de chiies pertenecen a la rama duodecimana (la mayoritaria en Irán e Irak). Los chiíes se concentran en las zonas costeras y en las zonas fronterizas con Israel y Líbano. Por último dentro del Islam tenemos a los drusos, secta musulmana que a pesar de autoconsiderarse musulmanes son vistos como no musulmanes por el resto de ramas del Islam. En Siria representan un 3% de la población y están localizados al sur del país. Fuera del Islam existe una importante comunidad cristiana que representa un 10% de la población y que está concentrada al noreste y noroeste del país (en color crema en el mapa). Siguen mayoritariamente el rito ortodoxo sirio o el rito caldeo. La última división es la más difícil de medir, la política. Al ser una dictadura es difícil de averiguar cual es el peso político de las diferentes ideologías en el país. El régimen se basa en la comunidad alauí donde tiene un gran apoyo, pero años de partido único han creado una red clientelista que se extiende por todo el país. Los kurdos se han manifestado constantemente durante las últimas semanas contra el régimen y como se puede ver en el mapa los principales focos de las protestas se hallan en zonas de mayoría cristiana, suní o drusa. Pero también hay ciudades donde los alauitas son mayoría como Latakia, Jabla y Banias donde las protestas son constantes.

División religiosa de Oriente Medio (para ver el mapa en más detalle http://gulf2000.columbia.edu/images/maps/Mid_East_Religion_lg.jpg )


Otro de los peligros de una desestabilización de Siria es que la inestabilidad se extendería más allá de sus fronteras. Como vemos en el mapa la gran mayoría de grupos religiosos se extiende a ambos lados de las fronteras de Siria con sus vecinos. Además los vecinos de Siria son países con una larga historia de enfrentamientos étnicos y religiosos. Al oeste de Siria se halla el Líbano, que como se puede observar en el mapa tiene una gran división religiosa, sufre desde los 60 enfrentamientos interreligiosos que han llevado al país a la violencia sectaria en numerosas ocasiones. El hundimiento de Siria provocaría en Líbano una grave crisis política que podría desembocar en más enfrentamientos. Además en Líbano la clase política se halla dividida entre los pro-sirios, a favor del régimen de los Assad y que está liderada por los partidos chiies Hezbollah y Amal pero también apoyada intermitentemente por algunas partidos cristianos y drusos, y los anti-sirios formado por el grueso de los partidos cristianos y suníes. Por tanto en Líbano es una representación en miniatura en lo que puede convertir Siria en pocas semanas o meses. Al oeste de Siria está Irak, donde los enfrentamientos entre suníes, chiíes y kurdos son continuos, una Siria desestabilizada puede agravar seriamente la situación. Turquía al norte también tiene numerosos problemas con su comunidad kurda, mayoritaria en las zonas fronterizas del oeste con Siria. Por último al sur, el pequeño e inestable reino de Jordania podría verse afectado por un estado fallido sirio e Israel tendría mucho que temer del posible surgimiento de un estado sirio beligerante y revanchista ya que desde 1967 el estado israelí ocupa ilegalmente parte del territorio sirio (los Altos del Golán). Por tanto la situación en Siria puede provocar una desestabilización de todo Oriente Medio, desde Irán hasta Israel y desde Turquía hasta Yemen. Es por ello por lo que países con intereses tan contrapuestos como Irán, Turquía, Israel y Arabia Saudí estén apoyando de una forma u otra al régimen sirio de Bashar al Assad.

domingo, 8 de mayo de 2011

Elecciones en Escocia, Gales e Irlanda del Norte, la pesadilla de los "libdems"

Alex Salmond (derecha), líder del SNP y primer ministro de Escocia

Con el recuento de votos ya por fin finalizado podemos empezar a analizar los resultados de las elecciones regionales que el 5 de mayo tuvieron lugar en el Reino Unido. Tanto Escocia como Gales, regiones autónomas, han celebrado elecciones legislativas, pero también 279 municipios de todo el país han elegido a sus consejos locales. Por si esto era poco, el 5 de mayo también se ha votado en referéndum la sustitución o no del sistema electoral First-Past-The-Post (FPTP), ya explicado en el anterior post sobre las elecciones en Canadá, por el Voto Alternativo (VA). De fondo estas serie de elecciones han servido para demostrar el grado de solidez o fragilidad de la coalición que gobierna el país desde mayo de 2010, formada por los Conservadores del primer ministro David Cameron y los liberaldemócratas (libdems) del Viceprimer ministro Nick Clegg, y si seguirá siendo viable para el resto de la legislatura.

Elecciones en Escocia

Participación 50,0%
Escaños 2007
Escaños 2011
% Votos
2007
% Votos
2011
Nº Votos
2007 (regional)
Nº Votos
2011 (regional)
Scottish National Party
47
69
31,0%
44,0%
633.401
876.421
Laboristas
46
37
29,2%
26,3%
595.415
523.559
Conservadores
17
15
13,9%
12,4%
284.005
245.967
Liberal Demócratas
16
5
11,3%
5,2%
230.671
103.472
Partido Verde Escocés
2
2
4,0%
4,4%
82.584
87.060
Otros e Independientes
1
1
10,6%
7,7%
216.033
154.572

En Escocia los independentistas escoceses del Scottish National Party (SNP) barrieron al resto de opciones políticas y lograron un excelente 44% de los votos y la mayoría absoluta en el Parlamento. Los laboristas, que hasta 2007 eran la principal fuerza política en Escocia, y lo siguen siendo en las elecciones generales, perdieron más de 70 mil votos y 9 escaños. Pero el principal perjudicado por la vitoria del SNP ha sido el Partido Liberal Demócrata que ha perdido más de la mitad de sus votantes y su representación parlamentaria ha pasado de 17 a 5 diputados. Como veremos más adelante no sólo en Escocia los libdems han sufrido grandes pérdidas electorales. Por último el partido Conservador ha sabido mantener el tipo, a pesar de la impopularidad del gobierno de Cameron en la región; tan sólo han perdido dos parlamentarios y 40 mil votos.

Rojo distritos ganados por los laboristas, amarillo SNP, azul conservadores
La mayoría absoluta del SNP del popular Alex Salmond, primer ministro escocés desde 2007, supone que por vez primera los nacionalistas escoceses podrán organizar un referéndum sobre la independencia de Escocia. Pero es improbable que esta consulta contemple una independencia total de Escocia del Reino Unido ya que según The Guardian se calcula que sólo alrededor de un tercio de la población escocesa es partidaria de la independencia total. Por otro lado los modelos de sostenibilidad económica en los que los nacionalistas escoceses se había apoyado recientemente para defender su independencia, Irlanda e Islandia, han sido totalmente desacreditadas por la reciente crisis económica. De todos modos el SNP está ante la mejor oportunidad para lograr una mayor autonomía para el país. Alex Salmond ha sido apoyado por un electorado contrario a las medidas de austeridad impuestas por el gobierno de Cameron desde Londres, y que ha preferido a los nacionalistas antes que a los laboristas a la hora de hacerles frente.

Elecciones en Gales

Participación 42,2%

Escaños 2007
Escaños 2011
% Votos
2007
% Votos
2011
Nº Votos
2007 (regional)
Nº Votos
2011 (regional)
Laboristas
26
30
29,6%
36,9%
288.954
349.935
Conservadores
12
14
21,4%
22,5%
204.757
213.773
Plaid Cymru
15
11
21,0%
17,9%
209.153
169.779
Liberal Demócratas
6
5
11,7%
8,0%
114.500
76.349
Otros e Independientes
1
0
16,3%
14,7%
157.478
139.552

En Gales los laboristas han logrado conseguir la mayoría absoluta en uno de sus tradicionales feudos. Con tan sólo un 36,9% de los votos el partido laborista consigue 30 de los 60 escaños gracias al nada proporcional método electoral del FPTP. Los conservadores no sólo se mantienen sino que consiguen 2 diputados y casi 10 mil nuevos votantes. Para los nacionalistas galeses del Plaid Cymru no fue una gran jornada ya que perdieron 4 diputados y 40 mil votos. Los otros grandes perjudicados, al igual que en Escocia, han sido los libdems que han perdido la mitad de sus votantes pero se mantienen con 5 escaños.

Elecciones en Irlanda del Norte

Participación 54,5%

Escaños 2007
Escaños 2011
% Votos
2007
% Votos
2011
Nº Votos
2007 1ª pref.
Nº Votos
2011 1ª pref.
Democratic Unionist Party
36
38
30,1%
30,0%
207.721
198.418
Sinn Féin
28
29
26,2%
26,9%
180.573
178.249
SocialDem & Labour Party
16
14
15,2%
14,2%
105.164
94.295
Ulster Unionist Party
18
16
14,9%
13,2%
103.145
87.258
Alliance Party
7
8
5,2%
7,7%
36.139
50.879
Green Party
1
1
1,7%
0,9%
11.985
6.031
Otros e Independientes
2
2
6,7%
7,1%
42.586
30.819

En Irlanda del Norte, donde ninguno de los tres principales partidos ingleses (los conservadores, los laboristas y los libdems) se presentan, los resultados han sido casi idénticos a los del 2007. Los porcentajes de votos han cambiado muy ligeramente lo que demuestra la gran adscripción partidista que existe en Irlanda del Norte por la particular situación que se vive en torno al problema entre protestantes y católicos y pro-unionistas y anti-unionistas. El DUP, unionista (a favor de seguir siendo parte del Reino Unido) y principal partido de la comunidad protestante, sigue siendo el principal grupo político con 38 diputados y el 30% de los votos. Le sigue el Sinn Féin, a favor de la unión con el resto de Irlanda y principal partido de la comunidad católica, con 29 diputados y el 26,9% de los votos. El resto de escaños se los reparten el Social Democratic and Labour Party, socialdemócrata y anti-unionista, el Ulster Unionist Party, tradicional partido del unionismo protestante ahora menguado con 16 escaños y el liberal Alliance Party, partido liberal transversal con miembros de ambas comunidades religiosas.  

Peter Robinson
Como podemos ver, salvo uno o dos diputados, los resultados son idénticos a los de 2007 lo que señala que el gobierno seguirá estando formado por los 5 principales partidos: el DUP, el Sinn Féin, el SDLP, el UUP y el Alliance Party. Aunque el UUP parece que podría renunciar a estar en el gobierno. En Irlanda del Norte los dos principales partidos políticos, normalmente uno de cada comunidad religiosa, están obligados a formar gobierno. Por ello el DUP y el Sinn Féin son los que decidirán sobre la formación del gobierno norirlandés. De lo que no hay duda es de que Peter Robinson, del DUP, seguirá siendo el primer ministro de Irlanda del Norte ya que su partido ha sido el más votado.

Referéndum sobre la reforma electoral

Participación 42,2% SI NO
% Votos 32,1% 67,9%
Nº Votos 6.152.607 13.013.123

Un contundente 67,9% de los votantes optaron por el No a la reforma electoral en el referéndum celebrado el 5 de mayo. Cuando en mayo de 2010 los conservadores de David Cameron necesitaron a los libdems de Nick Clegg para gobernar, estos últimos demandaron varias condiciones, la más importante de ellas la de celebrar un referéndum sobre el sistema de voto FPTP muy perjudicial para su partido. En las últimas elecciones, con un 23% de los votos los libdems tan sólo consiguieron 57 de los 650 escaños por culpa del FPTP. Los conservadores aceptaron convocar el referéndum como condición a pesar de estar a favor del FPTP, pero Cameron necesitaba a los libdems para conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento británico y formar gobierno. Desde entonces la relación entre conservadores y liberales ha ido empeorando debido a la oposición del ala izquierda del partido Liberal Demócrata a las durísimas y anti-sociales medidas de ajuste propuestas por David Cameron. Además la fuerte campaña de los conservadores a favor del No en el referéndum ha molestado a los libdems, fuertes partidarios y principales defensores del Sí a la reforma electoral. Por su parte los laboristas han mostrado una posición más difusa y han estado más preocupados en dividir a la coalición gobernante que en posicionarse claramente. Mientras que su líder de de Miliband defendía el Sí, la vieja guardia del laborismo se ha posicionado a favor del No. Si el Sí hubiese triunfado el FPTP, método electoral utilizado para distribuir los escaños según el número de votos, hubiese sido sustituido por el Voto Alternativo (VA). Según este método el votante podría numerar por orden de preferencia a los candidatos. Una vez contados los votos de las primeras preferencias, y si ningún candidato consigue el 50% de los votos, las segundas preferencias de los votantes que optaron como primera preferencia al candidato menos votado serían contadas, y así sucesivamente hasta que un candidato alcanzase el 50% de los votos. Para entenderlo bien mejor que mireis el video explicativo que he colgado al final del artículo, eso sí está en inglés.

Nick Clegg (derecha) líder de los libdems y viceprimer ministro
Las elecciones en Escocia, Gales y el referéndum sobre el voto han dividido todavía más a la coalición de gobierno entre los conservadores y los liberal demócratas. Estos últimos han sufrido una gran derrota, perdiendo la mitad de sus votos en Escocia y Gales y el referéndum a favor de la reforma electoral tan deseada por el partido. Esta derrota se ha interpretado como el rechazo de los votantes liberaldemócratas a la coalición de los libdems con los conservadores y al apoyo a sus medidas de ajuste. A partir de ahora se pueden producir diversos escenarios. Nick Clegg, líder de los libdems puede ver como el ala más izquierdista de su partido le retira su apoyo, lo que podría terminar con la coalición con los conservadores. Clegg, tras la derrota, ya ha respondido anunciando que se opondrá a la reforma de la Sanidad Pública propuesta por los conservadores. David Cameron tendrá muy difícil mantener la coalición de gobierno aunque los libdems no se arriesgarán a provocar la celebración de unas elecciones anticipadas ya que previsiblemente sufrirían una importante derrota. Tan sólo un motín interno de los libdems contra Clegg y la alianza con los conservadores podría llevar al primer ministro Cameron a convocar elecciones. Todo ello sumado a una Escocia gobernada por nacionalistas dispuestos a convocar un referéndum sobre la independencia, aunque sea en versión light.
El Primer Ministro británico David Cameron (izquierda) y Nick Clegg (centro)

martes, 15 de marzo de 2011

La minoría rusa en los países bálticos

Estonia, Letonia y Lituania con el color de sus banderas
Desde que finalizaron las guerras en la antigua Yugoslavia, en Europa se tiende a pensar que ya no existen problemas étnicos relevantes en el viejo continente. Salvo algunas tensiones en la periferia continental, como Moldavia o Ucrania, el maltrato a las minorías por parte de mayorías nacionales parece algo superado y más propio del sangriento siglo XX. En esta nueva centuria, se piensa, los conflictos étnicos son algo propio de otras regiones; Europa está libre de ellos gracias, sobre todo, a la labor de la Unión Europea y sus políticas de integración y protección de las minorías. Lo que se suele olvidar es que esto no es totalmente real, siguen existiendo situaciones de conflicto étnico en numerosos puntos del Este del continente. La paz en la antigua Yugoslavia sigue siendo artificial y se debe más a la presencia y ayudas internacionales que a la solución real del problema. Bosnia, Kosovo o Macedonia siguen estando amenazadas por el fantasma de un conflicto entre nacionalidades. Podemos argüir que son países todavía fuera de la Unión Europea y que por tanto una vez accedan al selecto club de Bruselas sus problemas se verán paliados, tal y como ha pasado en el resto de países del Este. El respeto a las minorías es uno de los requisitos principales que los países miembros de la UE impusieron a los candidatos del otro lado del Telón de Acero, recordando las décadas de persecución de las minorías por parte de las mayorías nacionales en esta parte del continente. Sin embargo pertenecer a la UE no ha resultado ser garantía de respeto para algunas de las minorías que, dentro de la Unión, sufren la marginación en ciertos países. El caso más claro es el de la minoría rusa en los países bálticos, de la que trataremos en este artículo. Las elecciones legislativas en Estonia del pasado 6 de marzo volvieron a recordar a Europa que aún existe una minoría sin derechos en la Unión, y un país donde cerca del 10% de su población no tiene derecho a votar por pertenecer a un grupo nacional diferente al mayoritario.

Desde el año 2004 los países bálticos son miembros de la Unión Europea y desde entonces la situación de la minoría rusa en estos estados ha sido un asunto de primera magnitud, sobre todo en las relaciones de Bruselas con Moscú. La situación de marginación de los rusos en los países bálticos, excepto el caso de Lituania, no tiene parangón en otras partes de la Unión Europea, salvo quizá el de la población gitana. El problema además cobra importancia si analizamos el peso demográfico que esta minoría, la rusa, tiene en el conjunto de los países bálticos. En Estonia se calcula que un 28% de la población es de origen ruso, un 37% en la capital Tallin. En las comarcas del noreste, en la frontera con Rusia, llegan a ser mayoría, siendo un 86% de la población en Narva, la principal ciudad de la región. En Letonia el peso demográfico es incluso mayor, hasta un 32,5% en el conjunto del país y un 40% en la capital Riga. En Daugavpils, la segunda ciudad del país, los rusos son mayoría. Por último, en Lituania el porcentaje de rusos es considerablemente menor, un 8%, un 14,5% en la capital, Vilnius. Por tanto se trata de una minoría con un gran peso demográfico en la región y con una presencia histórica que se extiende en el pasado hasta el siglo XVIII. Si a las cifras contempladas añadimos el porcentaje de bielorrusos y ucranianos, que sufren el mismo trato que la minoría rusa, nos encontramos con que tanto en Estonia como en Letonia más de un tercio de la población procede de territorios de la ex-Unión Soviética (URSS). Esto, en países fuertemente nacionalistas y que han sufrido durante siglos el dominio ruso, supone un auténtico problema no sólo para ellos, sino también para Bruselas y Moscú.

La minoría rusa es vista por la mayoría de la población estonia y letona con hostilidad, lo que ha provocado la marginación social, política y económica de esta minoría a unos niveles poco comparables a cualquier otra situación en la Unión Europea. Los rusos se han visto apartados, desde la independencia de las repúblicas bálticas en 1990, de poder participar en elecciones, poder realizar según qué profesiones o actividades económicas, poder ser educados en su propio idioma o lo más básico, ser ciudadanos y tener un pasaporte, negándoles incluso el derecho a abandonar el país. Para entender mejor la situación debemos encontrar las claves históricas que explican la hostilidad de los pueblos baltos hacia la minoría rusa.

Como ya he señalado anteriormente, el dominio ruso en la región se retrotrae hasta siglo XVIII cuando la región fue disputada por Suecia, entonces la gran potencia del Norte, y el expansivo reino de Rusia. Tras numerosas guerras, en las que participaron otras potencias que ambicionaban la región como Polonia o Dinamarca, el poder ruso se impuso en los países Bálticos. Desde entonces y hasta la Primera Guerra Mundial, Estonia, Letonia y Lituania formaron parte del Imperio Ruso. No fue hasta que Rusia se vio afectada por la Revolución Rusa en 1917 y firmó la paz de Brest Litovsk con el Reich Alemán, que estas provincias dejaron de depender de Petrogrado, por entonces capital del Imperio Ruso, y pasaron al control de Berlín. La derrota alemana en 1918 trajo a los países Bálticos la ansiada independencia, garantizada por las potencias aliadas (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos) y por el principio de autodeterminación de las naciones, uno de los famosos 14 puntos para la paz del presidente norteamericano Woodrow Wilson. El interés real de los aliados era evitar que la zona estratégica de los países bálticos, vital para el control del Mar Bático por parte de Rusia y la salida al Mar del Norte, cayese en manos del gobierno comunista de Moscú. Durante los años 20 y 30 los tres estados, Estonia, Letonia y Lituania evolucionaron hacia regímenes fuertemente nacionalistas, fervientemente anti-rusos y anti-comunistas. El miedo al gigantesco vecino soviético empujó a los países bálticos hacia regímenes autocráticos y militaristas. Por entonces la presencia de rusos en las nuevas repúblicas no era significativo, suponían entre un 8 y un 10% de la población en Letonia, un 4% en Estonia y un 2% en Lituania. En agosto de 1939, un mes antes de que empezase la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi y la URSS de Stalin firmaron el acuerdo Molotov-Ribbentrop por el cual secretamente Moscú permitía la invasión alemana de Polonia, a cambio de que Hitler permitiese la invasión soviética de las repúblicas bálticas. Ya en 1940, en el fragor de la Segunda Guerra Mundial, con una Polonia ocupada por tropas alemanas y soviéticas, Stalin llevó a cabo su tan esperada invasión y anexión de las repúblicas bálticas. Moscú perdería el control sobre esta región durante la invasión alemana en 1941 hasta que a principios de 1944 los países bálticos fueron “liberados” por el ejército rojo de Stalin. Desde entonces Estonia, Letonia y Lituania, constituidas en Repúblicas Socialistas Soviéticas, pasarían a estar férreamente controladas desde Moscú.

Situación de las Repúblicas Bálticas en Europa
Siguiendo su política de genocidio en otras regiones, Stalin, tratando de debilitar el peso demográfico de naciones no rusas en los países bálticos, deportó a decenas de miles de estonios, letones y lituanos hacia otras partes de la URSS y a los gulags siberianos, a la vez que favorecía la emigración de rusos hacia estos países. Ya durante el resto del periodo soviético, que se extendió hasta 1990, las deportaciones finalizaron pero la emigración de rusos continuó. Sobre todo debido a que, a pesar de que eran regiones pobres en comparación con Europa, los países bálticos eran la zona más próspera de la URSS. Esto provocó la llegada masiva de rusos, ucranianos y bielorrusos, debido al mayor nivel de vida, pero también de militares retirados o pensionistas en busca de un lugar con buenas condiciones económicas para su retiro. Sin embargo durante los primeros años la gran mayoría de emigrantes fueron trabajadores que llegaron para reconstruir la industria de los países bálticos, totalmente devastada por la guerra. Estos inmigrantes se asentaron principalmente en las ciudades, donde estaban las fábricas, lo que explica que todavía hoy gran parte de la minoría rusa se concentre en los núcleos urbanos. La emigración de rusos a Estonia y Letonia fue mayor que a Lituania debido a que en esta última región las leyes sobre vivienda y empleo eran más severas. Con la independencia en 1990 de la URSS, estonios, letones y lituanos se encuentran que por primera vez desde 1940 son dueños de sus destinos, pero que un tercio de su población no comparte ni su lengua ni su cultura, representa a la potencia que las ha dominado y sojuzgado durante siglos y que mantienen lazos lingüísticos y culturales con su principal enemiga y colosal vecina, Rusia.

Vistos como símbolos de 50 años de represión, deportaciones y erradicación cultural, los rusos fueron marginados desde el primer momento por las nuevas repúblicas recién independizadas. Tras 20 años pocas cosas han cambiado, aunque las continuas llamadas de atención desde Bruselas han mejorado la situación de la minoría rusa. Empezando por Estonia nos encontramos que tras la independencia de la URSS, la nueva república aparta sin pudor a un tercio de su población, los rusos, a la categoría de no-ciudadanos. Se le otorgó la ciudadanía a todos aquellos que tuviesen la ciudadanía estonia antes del 16 de junio de 1940 así como a sus descendientes. En cambio aquellos que hubiesen llegado a Estonia durante los años de ocupación soviética debían de demostrar conocimientos en historia, cultura y lengua estonias. Debían de contar con ingresos permanentes y legales suficientes para automantenerse y mantener las personas a su cargo. Además tenían que pronunciar un juramento de lealtad a Estonia. Tras 20 años estas duras medidas han dejado a entre unas cien mil y ciento treinta mil personas sin ciudadanía, los llamados no-ciudadanos, la gran mayoría rusos. Se caracterizan por llevar unos pasaportes grises que no les permiten salir del país u obtener un pasaporte de la UE. Además, debido a la Ley de la Lengua, cualquier cartel publicitario o señal en ruso está prohibido. Los rusos con desconocimiento del estonio tienen muchas dificultades para acceder a profesiones como abogados, notarios, o cualquier puesto en el sector público. La consecuencia de todo ello ha sido que gran parte de la minoría rusa en Estonia se encuentra en la marginación. El desempleo es el doble entre rusos y la diferencia entre los sueldos de estos y los estonios es de un 25% a favor de los segundos. La minoría rusa supone un 58% de la población presidiaria y un 80% de los casos de sida. Además se ven acosados por continuas inspecciones para demostrar que saben estonio; en caso contrario pueden incluso perder el trabajo. El único espacio de libertad para los rusos es la participación en las elecciones locales. En cambio en las elecciones nacionales no pueden votar. El miedo a darles el voto se basa en el temor de los partidos tradicionales del país, conservadores y fuertemente nacionalistas, a perder la hegemonía política que han disfrutado desde la independencia. El Partido Estonio del Centro, de centro-izquierda, es el partido al que más apoyan los rusos de Estonia. Su líder, Edgar Savisaar, es el alcalde de Tallin, donde más de un tercio de la población es de origen ruso. En las elecciones legislativas del pasado 6 de marzo su formación política obtuvo un 23,3% de los votos, manteniéndose como el segundo partido con mayor representación en el Parlamento y como principal voz de la minoría rusa.

En Letonia la situación es muy parecida a la de su vecina Estonia. 20 años después de la independencia, del 30% de población de origen ruso que existe en Letonia, sólo la mitad tiene la ciudadanía. 480 mil habitantes, un 21% de la población, siguen sin la ciudadanía letona, la mayoría de ellos rusos, aunque también bielorrusos y ucranianos. Esto es consecuencia de la Ley de Ciudadanía adoptada en 1991 que sólo otorgó la ciudadanía a aquellos que ya vivían en Letonia antes de 1940 y sus descendientes, lo que dejó sin ciudadanía a los rusos emigrados durante el periodo soviético e incluso a sus descendientes, ya nacidos en suelo letón. Para adquirir la ciudadanía letona los interesados debían acreditar, al igual que en el caso estonio, conocimiento de la lengua y la cultura de Letonia. Debido a presiones de la UE, se ha bajado el nivel de exigencia, ahora tan sólo hay que aprobar un examen de letón básico, un examen de historia y pagar 30 euros. Aun así la mayoría de la minoría rusa sigue sin ciudadanía lo que supone el no tener derecho a voto, no poder ser candidato a unas elecciones, no poder poseer tierras o no poder participar en organizaciones políticas. A nivel educativo, es obligatorio que un 60% de las asignaturas en las escuelas públicas se den en letón. A pesar de las numerosas restricciones existe un partido político, el Harmony Centre que, defendiendo los intereses de la minoría rusa, ha logrado también el apoyo de sectores progresistas de la población letona, logrando en las últimas elecciones de 2010 un 26% de los votos y consiguiendo ser el segundo partido más votado. En la capital, Riga, es el partido que gobierna.

Porcentaje de población rusa
Lituania es el caso ejemplar de como integrar a la minoría rusa. Aunque de un peso demográfico considerablemente menor, los rusos representan un 8% de la población, Lituania ha sabido integrar de forma menos traumática a las minorías heredadas del dominio soviético. Al contrario que sus repúblicas hermanas, en 1991 al independizarse, Lituania otorgó la ciudadanía a todos sus habitantes, independientemente de su cultura, lengua u origen. Esto ha permitido que las tensiones políticas y sociales que se han producido en Estonia y Letonia no se hayan repetido en Lituania. Las buenas relaciones diplomáticas con Moscú también han mejorado la situación de la minoría rusa en el país.

La situación de marginación de los rusos en Estonia y Letonia no ha desembocado, por ahora, en conflictos más serios. Salvo los violentos enfrentamientos que se produjeron en Estonia en 2007 entre rusos y estonios, tras la retirada por parte del gobierno de un memorial soviético de la Segunda Guerra Mundial, los episodios violentos han sido muy limitados. Pero no por ello debemos de olvidar la situación de marginación que vive la minoría rusa en estos países. Amparándose en que la ocupación soviética fue ilegal y por tanto los emigrantes vinieron de forma ilegal a los países bálticos, los gobiernos de Tallin y Riga han retirado la ciudadanía a cientos de miles de habitantes. La situación podría ser aprovechada por Rusia, que en situaciones parecidas ha optado por defender, incluso militarmente, a sus minorías más allá de sus fronteras. Nada impide que Moscú, al igual que hizo en las regiones separatistas de Georgia, Abjazia y Osetia del Sur, otorgue a estos rusos sin ciudadanía pasaportes, creando una complicada situación internacional. Pero más allá de una posible crisis diplomática, no se debe permitir, cuanto menos en la Unión Europea con lo que representa en cuanto a defensa de los derechos humanos, que miles de personas se vean privadas de algo tan básico como la ciudadanía. El cada vez mayor apoyo de sectores liberales y no nacionalistas de la población letona y estonia ha permitido que partidos políticos defensores de los derechos de la minoría rusa logren un número muy importante de votos. Además Lituania sirve como ejemplo claro de convivencia e integración entre baltos y rusos. A pesar de ello las graves consecuencias sociales de la brutal crisis económica que ha azotado a estos países desde 2008, amenazan con reavivar la tensión social y étnica en las repúblicas bálticas.