lunes, 21 de marzo de 2011

Resumen Semanal (14.03.11 - 20.03.11)

Semanas e incluso meses después del primer estallido revolucionario en Túnez, el mundo árabe sigue copando la actualidad de la política internacional. Si hasta entonces se trataba de un conflicto regional, a partir de la aprobación de la Resolución 1973 por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 17 de marzo, la guerra civil Libia ha adquirido carácter internacional. De fondo, la comunidad internacional está en alerta ante la posibilidad de un desastre nuclear en Japón.

En un discreto segundo lugar durante las negociaciones y posterior puesta en marcha del bloqueo aéreo de Libia, Obama ha centrado esta semana su atención en la gira por Latinoamérica que durante 5 días le llevará a Brasil, El Salvador y Chile. Washington, consciente del nuevo papel que Brasil representa en el equilibrio político regional, busca estrechar las relaciones políticas y económicas con el gigante latinoamericano. Pero Brasil está destinada a llevar a cabo una política exterior autónoma y multivectorial, beneficiándose de los importantes lazos político-económicos de los que disfruta con las principales capitales latinoamericanas, y las fructíferas relaciones comerciales que ha entablado durante los últimos años con China. La no-visita de Obama a Argentina en su gira por Latinoamérica es una muestra más de las turbulentas relaciones de Washington con la presidenta Cristina Fernández de Kichner y la pérdida de peso regional de Buenos Aires. En Haití, mientras tanto, la llegada del ex-presidente Bertrand Aristide, en el exilio desde que fuese expulsado del poder por la fuerza en 2004, ha añadido más tensión a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales celebradas el 20 de marzo.

El 17 de marzo el Consejo de Seguridad aprobaba la resolución 1973 que permitía el bloqueo aéreo de Libia e incluso ataques militares a cualquier objetivo que supusiese una amenaza para la población. La resolución llega sospechosamente tarde, probablemente de forma intencionada ya que cuanto más desesperada era la situación de los rebeldes en Bengazi, mayor era el apoyo popular en Occidente a una intervención militar. La negociación diplomática y la posterior puesta en marcha de la operación militar ha sido liderada por Francia y Reino Unido. Tanto Sarkozy como Cameron sufren unas cotas muy bajas de popularidad y buscan con esta campaña militar alcanzar un mayor apoyo electoral. El irrisorio 19% de los votos de la UMP, partido conservador del Presidente Sarkozy, en las elecciones cantonales francesas supone una clara advertencia de cara a las elecciones presidenciales de 2012. España e Italia no han tardado en sumarse a la coalición internacional, también buscando un mayor apoyo popular ya que tanto Zapatero como Berlusconi se enfrentarán próximamente a unas elecciones con las encuestas en contra. Alemania ha optado por no apoyar el bloqueo aéreo y se ha abstenido en el Consejo de Seguridad. Merkel, que se enfrenta a varias elecciones regionales durante esta semana, no ha querido alterar su ya dañado apoyo popular entre el tradicionalmente pacifista electorado alemán. La abstención en el Consejo de Seguridad de otras cuatro potencias: Brasil, Rusia, India y China, el BRIC, refleja el mundo que está por venir.

El mundo árabe sigue en estado de ebullición. Con el estancamiento de la revolución Libia muchos analistas hablaban del fin de la ola revolucionaria. Durante los últimos días la ola no sólo no se ha detenido, sino que ha crecido. La intervención internacional en favor de los rebeldes en Libia supone abrir un nuevo capítulo y avivar las revoluciones en otros puntos del mundo árabe-musulmán. El aparente éxito de Gaddafi erradicando violentamente a la oposición rebelde, ha supuesto un ejemplo en otros países. En Siria, el régimen ha aplacado violentamente las manifestaciones más serias a las que se ha enfrentado Damasco desde el inicio de las revoluciones árabes. Arabia Saudí, que ya ha comenzado a sufrir episodios de rebelión popular, teme que las revoluciones triunfen en países limítrofes como Yemen o Bahrein. En Yemen, el presidente Saleh ha perdido el apoyo de parte del ejército y de la principal tribu del país, sobre todo debido a la violenta represión contra los manifestantes, que se ha saldado con decenas de víctimas. En Bahrein la situación ha dado un giro de 180 grados. Probablemente presionado por Arabia Saudí, el rey bahrení Hamad ibn Isa al Khalifa ha permitido la entrada de tropas extranjeras en su territorio para aplacar las protestas. El grueso de este ejército lo forman soldados de Arabía Saudí lo que podría indicar que la situación en Bahrein se encuentra bajo el control de Riyad. En Egipto mientras tanto, un 77% de los votantes ha apoyado la reforma constitucional en el referéndum convocado el día 19 de marzo.

Al margen de las revueltas en los países árabes, otros asuntos internacionales de primera magnitud han sido el posible desastre nuclear en Fukushima, Japón, o el peligro de guerra civil en Costa de Marfil donde el presidente Laurent Gbago se resiste a aceptar la victoria en las elecciones presidenciales del pasado 28 de noviembre de 2010 de su rival Alassane Ouattara.


Esta semana los principales temas internacionales serán:

  • Yemen. Con la defección de parte del ejército, es probable que en pocas horas o días el presidente yemení Alí Abdullah Saleh deje la jefatura del Estado. La victoria de la revuelta en Yemen podría desestabilizar el país y toda la región. Desde hace años el gobierno yemení se enfrenta a la presencia de Al Qaeda en algunas zonas, al movimiento separatista en la región sureña de Adén y a la insurgencia chií al norte. La vecina Arabia Saudí, también amenazada por la situación en Bahrein y posibles revueltas internas, sería el país más afectado por la situación en Yemen.
  • Libia. Durante esta semana veremos si el bloqueo aéreo de Libia será suficiente para que los rebeldes puedan reanudar su avance hacia Trípoli o si la situación se estanca y es necesario llevar a cabo otro tipo de medidas más efectivas pero con un mayor impacto diplomático.
  • Alemania. Merkel se enfrenta en tan sólo 7 días a 3 elecciones regionales que podrían decidir el futuro de la Canciller. Según los resultados que coseche la conservadora CDU, el partido de Merkel, se podrían convocar elecciones anticipadas o no. La primera de las elecciones regionales se produjo el 20 de marzo en el länder de Saxony-Anhalt, gobernado por una coalición entre la CDU y los socialdemócratas del SPD. La CDU ha cosechado un 32,5% de los votos, no muy lejos del 36,2% del año 2006. En cambio el FDP, partido de tendencia liberal que gobierna en coalición con la CDU, ha sufrido una importante pérdida de votos en esta región, pasando del 6,7 al 3,8%, lo que amenaza la continuidad de los liberales en el gobierno federal. El próximo 27 de marzo se celebrarán elecciones en las regiones de Baden-Württemberg y Rhineland-Palatinate.

martes, 15 de marzo de 2011

La minoría rusa en los países bálticos

Estonia, Letonia y Lituania con el color de sus banderas
Desde que finalizaron las guerras en la antigua Yugoslavia, en Europa se tiende a pensar que ya no existen problemas étnicos relevantes en el viejo continente. Salvo algunas tensiones en la periferia continental, como Moldavia o Ucrania, el maltrato a las minorías por parte de mayorías nacionales parece algo superado y más propio del sangriento siglo XX. En esta nueva centuria, se piensa, los conflictos étnicos son algo propio de otras regiones; Europa está libre de ellos gracias, sobre todo, a la labor de la Unión Europea y sus políticas de integración y protección de las minorías. Lo que se suele olvidar es que esto no es totalmente real, siguen existiendo situaciones de conflicto étnico en numerosos puntos del Este del continente. La paz en la antigua Yugoslavia sigue siendo artificial y se debe más a la presencia y ayudas internacionales que a la solución real del problema. Bosnia, Kosovo o Macedonia siguen estando amenazadas por el fantasma de un conflicto entre nacionalidades. Podemos argüir que son países todavía fuera de la Unión Europea y que por tanto una vez accedan al selecto club de Bruselas sus problemas se verán paliados, tal y como ha pasado en el resto de países del Este. El respeto a las minorías es uno de los requisitos principales que los países miembros de la UE impusieron a los candidatos del otro lado del Telón de Acero, recordando las décadas de persecución de las minorías por parte de las mayorías nacionales en esta parte del continente. Sin embargo pertenecer a la UE no ha resultado ser garantía de respeto para algunas de las minorías que, dentro de la Unión, sufren la marginación en ciertos países. El caso más claro es el de la minoría rusa en los países bálticos, de la que trataremos en este artículo. Las elecciones legislativas en Estonia del pasado 6 de marzo volvieron a recordar a Europa que aún existe una minoría sin derechos en la Unión, y un país donde cerca del 10% de su población no tiene derecho a votar por pertenecer a un grupo nacional diferente al mayoritario.

Desde el año 2004 los países bálticos son miembros de la Unión Europea y desde entonces la situación de la minoría rusa en estos estados ha sido un asunto de primera magnitud, sobre todo en las relaciones de Bruselas con Moscú. La situación de marginación de los rusos en los países bálticos, excepto el caso de Lituania, no tiene parangón en otras partes de la Unión Europea, salvo quizá el de la población gitana. El problema además cobra importancia si analizamos el peso demográfico que esta minoría, la rusa, tiene en el conjunto de los países bálticos. En Estonia se calcula que un 28% de la población es de origen ruso, un 37% en la capital Tallin. En las comarcas del noreste, en la frontera con Rusia, llegan a ser mayoría, siendo un 86% de la población en Narva, la principal ciudad de la región. En Letonia el peso demográfico es incluso mayor, hasta un 32,5% en el conjunto del país y un 40% en la capital Riga. En Daugavpils, la segunda ciudad del país, los rusos son mayoría. Por último, en Lituania el porcentaje de rusos es considerablemente menor, un 8%, un 14,5% en la capital, Vilnius. Por tanto se trata de una minoría con un gran peso demográfico en la región y con una presencia histórica que se extiende en el pasado hasta el siglo XVIII. Si a las cifras contempladas añadimos el porcentaje de bielorrusos y ucranianos, que sufren el mismo trato que la minoría rusa, nos encontramos con que tanto en Estonia como en Letonia más de un tercio de la población procede de territorios de la ex-Unión Soviética (URSS). Esto, en países fuertemente nacionalistas y que han sufrido durante siglos el dominio ruso, supone un auténtico problema no sólo para ellos, sino también para Bruselas y Moscú.

La minoría rusa es vista por la mayoría de la población estonia y letona con hostilidad, lo que ha provocado la marginación social, política y económica de esta minoría a unos niveles poco comparables a cualquier otra situación en la Unión Europea. Los rusos se han visto apartados, desde la independencia de las repúblicas bálticas en 1990, de poder participar en elecciones, poder realizar según qué profesiones o actividades económicas, poder ser educados en su propio idioma o lo más básico, ser ciudadanos y tener un pasaporte, negándoles incluso el derecho a abandonar el país. Para entender mejor la situación debemos encontrar las claves históricas que explican la hostilidad de los pueblos baltos hacia la minoría rusa.

Como ya he señalado anteriormente, el dominio ruso en la región se retrotrae hasta siglo XVIII cuando la región fue disputada por Suecia, entonces la gran potencia del Norte, y el expansivo reino de Rusia. Tras numerosas guerras, en las que participaron otras potencias que ambicionaban la región como Polonia o Dinamarca, el poder ruso se impuso en los países Bálticos. Desde entonces y hasta la Primera Guerra Mundial, Estonia, Letonia y Lituania formaron parte del Imperio Ruso. No fue hasta que Rusia se vio afectada por la Revolución Rusa en 1917 y firmó la paz de Brest Litovsk con el Reich Alemán, que estas provincias dejaron de depender de Petrogrado, por entonces capital del Imperio Ruso, y pasaron al control de Berlín. La derrota alemana en 1918 trajo a los países Bálticos la ansiada independencia, garantizada por las potencias aliadas (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos) y por el principio de autodeterminación de las naciones, uno de los famosos 14 puntos para la paz del presidente norteamericano Woodrow Wilson. El interés real de los aliados era evitar que la zona estratégica de los países bálticos, vital para el control del Mar Bático por parte de Rusia y la salida al Mar del Norte, cayese en manos del gobierno comunista de Moscú. Durante los años 20 y 30 los tres estados, Estonia, Letonia y Lituania evolucionaron hacia regímenes fuertemente nacionalistas, fervientemente anti-rusos y anti-comunistas. El miedo al gigantesco vecino soviético empujó a los países bálticos hacia regímenes autocráticos y militaristas. Por entonces la presencia de rusos en las nuevas repúblicas no era significativo, suponían entre un 8 y un 10% de la población en Letonia, un 4% en Estonia y un 2% en Lituania. En agosto de 1939, un mes antes de que empezase la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi y la URSS de Stalin firmaron el acuerdo Molotov-Ribbentrop por el cual secretamente Moscú permitía la invasión alemana de Polonia, a cambio de que Hitler permitiese la invasión soviética de las repúblicas bálticas. Ya en 1940, en el fragor de la Segunda Guerra Mundial, con una Polonia ocupada por tropas alemanas y soviéticas, Stalin llevó a cabo su tan esperada invasión y anexión de las repúblicas bálticas. Moscú perdería el control sobre esta región durante la invasión alemana en 1941 hasta que a principios de 1944 los países bálticos fueron “liberados” por el ejército rojo de Stalin. Desde entonces Estonia, Letonia y Lituania, constituidas en Repúblicas Socialistas Soviéticas, pasarían a estar férreamente controladas desde Moscú.

Situación de las Repúblicas Bálticas en Europa
Siguiendo su política de genocidio en otras regiones, Stalin, tratando de debilitar el peso demográfico de naciones no rusas en los países bálticos, deportó a decenas de miles de estonios, letones y lituanos hacia otras partes de la URSS y a los gulags siberianos, a la vez que favorecía la emigración de rusos hacia estos países. Ya durante el resto del periodo soviético, que se extendió hasta 1990, las deportaciones finalizaron pero la emigración de rusos continuó. Sobre todo debido a que, a pesar de que eran regiones pobres en comparación con Europa, los países bálticos eran la zona más próspera de la URSS. Esto provocó la llegada masiva de rusos, ucranianos y bielorrusos, debido al mayor nivel de vida, pero también de militares retirados o pensionistas en busca de un lugar con buenas condiciones económicas para su retiro. Sin embargo durante los primeros años la gran mayoría de emigrantes fueron trabajadores que llegaron para reconstruir la industria de los países bálticos, totalmente devastada por la guerra. Estos inmigrantes se asentaron principalmente en las ciudades, donde estaban las fábricas, lo que explica que todavía hoy gran parte de la minoría rusa se concentre en los núcleos urbanos. La emigración de rusos a Estonia y Letonia fue mayor que a Lituania debido a que en esta última región las leyes sobre vivienda y empleo eran más severas. Con la independencia en 1990 de la URSS, estonios, letones y lituanos se encuentran que por primera vez desde 1940 son dueños de sus destinos, pero que un tercio de su población no comparte ni su lengua ni su cultura, representa a la potencia que las ha dominado y sojuzgado durante siglos y que mantienen lazos lingüísticos y culturales con su principal enemiga y colosal vecina, Rusia.

Vistos como símbolos de 50 años de represión, deportaciones y erradicación cultural, los rusos fueron marginados desde el primer momento por las nuevas repúblicas recién independizadas. Tras 20 años pocas cosas han cambiado, aunque las continuas llamadas de atención desde Bruselas han mejorado la situación de la minoría rusa. Empezando por Estonia nos encontramos que tras la independencia de la URSS, la nueva república aparta sin pudor a un tercio de su población, los rusos, a la categoría de no-ciudadanos. Se le otorgó la ciudadanía a todos aquellos que tuviesen la ciudadanía estonia antes del 16 de junio de 1940 así como a sus descendientes. En cambio aquellos que hubiesen llegado a Estonia durante los años de ocupación soviética debían de demostrar conocimientos en historia, cultura y lengua estonias. Debían de contar con ingresos permanentes y legales suficientes para automantenerse y mantener las personas a su cargo. Además tenían que pronunciar un juramento de lealtad a Estonia. Tras 20 años estas duras medidas han dejado a entre unas cien mil y ciento treinta mil personas sin ciudadanía, los llamados no-ciudadanos, la gran mayoría rusos. Se caracterizan por llevar unos pasaportes grises que no les permiten salir del país u obtener un pasaporte de la UE. Además, debido a la Ley de la Lengua, cualquier cartel publicitario o señal en ruso está prohibido. Los rusos con desconocimiento del estonio tienen muchas dificultades para acceder a profesiones como abogados, notarios, o cualquier puesto en el sector público. La consecuencia de todo ello ha sido que gran parte de la minoría rusa en Estonia se encuentra en la marginación. El desempleo es el doble entre rusos y la diferencia entre los sueldos de estos y los estonios es de un 25% a favor de los segundos. La minoría rusa supone un 58% de la población presidiaria y un 80% de los casos de sida. Además se ven acosados por continuas inspecciones para demostrar que saben estonio; en caso contrario pueden incluso perder el trabajo. El único espacio de libertad para los rusos es la participación en las elecciones locales. En cambio en las elecciones nacionales no pueden votar. El miedo a darles el voto se basa en el temor de los partidos tradicionales del país, conservadores y fuertemente nacionalistas, a perder la hegemonía política que han disfrutado desde la independencia. El Partido Estonio del Centro, de centro-izquierda, es el partido al que más apoyan los rusos de Estonia. Su líder, Edgar Savisaar, es el alcalde de Tallin, donde más de un tercio de la población es de origen ruso. En las elecciones legislativas del pasado 6 de marzo su formación política obtuvo un 23,3% de los votos, manteniéndose como el segundo partido con mayor representación en el Parlamento y como principal voz de la minoría rusa.

En Letonia la situación es muy parecida a la de su vecina Estonia. 20 años después de la independencia, del 30% de población de origen ruso que existe en Letonia, sólo la mitad tiene la ciudadanía. 480 mil habitantes, un 21% de la población, siguen sin la ciudadanía letona, la mayoría de ellos rusos, aunque también bielorrusos y ucranianos. Esto es consecuencia de la Ley de Ciudadanía adoptada en 1991 que sólo otorgó la ciudadanía a aquellos que ya vivían en Letonia antes de 1940 y sus descendientes, lo que dejó sin ciudadanía a los rusos emigrados durante el periodo soviético e incluso a sus descendientes, ya nacidos en suelo letón. Para adquirir la ciudadanía letona los interesados debían acreditar, al igual que en el caso estonio, conocimiento de la lengua y la cultura de Letonia. Debido a presiones de la UE, se ha bajado el nivel de exigencia, ahora tan sólo hay que aprobar un examen de letón básico, un examen de historia y pagar 30 euros. Aun así la mayoría de la minoría rusa sigue sin ciudadanía lo que supone el no tener derecho a voto, no poder ser candidato a unas elecciones, no poder poseer tierras o no poder participar en organizaciones políticas. A nivel educativo, es obligatorio que un 60% de las asignaturas en las escuelas públicas se den en letón. A pesar de las numerosas restricciones existe un partido político, el Harmony Centre que, defendiendo los intereses de la minoría rusa, ha logrado también el apoyo de sectores progresistas de la población letona, logrando en las últimas elecciones de 2010 un 26% de los votos y consiguiendo ser el segundo partido más votado. En la capital, Riga, es el partido que gobierna.

Porcentaje de población rusa
Lituania es el caso ejemplar de como integrar a la minoría rusa. Aunque de un peso demográfico considerablemente menor, los rusos representan un 8% de la población, Lituania ha sabido integrar de forma menos traumática a las minorías heredadas del dominio soviético. Al contrario que sus repúblicas hermanas, en 1991 al independizarse, Lituania otorgó la ciudadanía a todos sus habitantes, independientemente de su cultura, lengua u origen. Esto ha permitido que las tensiones políticas y sociales que se han producido en Estonia y Letonia no se hayan repetido en Lituania. Las buenas relaciones diplomáticas con Moscú también han mejorado la situación de la minoría rusa en el país.

La situación de marginación de los rusos en Estonia y Letonia no ha desembocado, por ahora, en conflictos más serios. Salvo los violentos enfrentamientos que se produjeron en Estonia en 2007 entre rusos y estonios, tras la retirada por parte del gobierno de un memorial soviético de la Segunda Guerra Mundial, los episodios violentos han sido muy limitados. Pero no por ello debemos de olvidar la situación de marginación que vive la minoría rusa en estos países. Amparándose en que la ocupación soviética fue ilegal y por tanto los emigrantes vinieron de forma ilegal a los países bálticos, los gobiernos de Tallin y Riga han retirado la ciudadanía a cientos de miles de habitantes. La situación podría ser aprovechada por Rusia, que en situaciones parecidas ha optado por defender, incluso militarmente, a sus minorías más allá de sus fronteras. Nada impide que Moscú, al igual que hizo en las regiones separatistas de Georgia, Abjazia y Osetia del Sur, otorgue a estos rusos sin ciudadanía pasaportes, creando una complicada situación internacional. Pero más allá de una posible crisis diplomática, no se debe permitir, cuanto menos en la Unión Europea con lo que representa en cuanto a defensa de los derechos humanos, que miles de personas se vean privadas de algo tan básico como la ciudadanía. El cada vez mayor apoyo de sectores liberales y no nacionalistas de la población letona y estonia ha permitido que partidos políticos defensores de los derechos de la minoría rusa logren un número muy importante de votos. Además Lituania sirve como ejemplo claro de convivencia e integración entre baltos y rusos. A pesar de ello las graves consecuencias sociales de la brutal crisis económica que ha azotado a estos países desde 2008, amenazan con reavivar la tensión social y étnica en las repúblicas bálticas.

jueves, 10 de marzo de 2011

Gaddafi y África: un rebelde en busca de su causa

Parece que el fin del régimen gaddafista en Libia no tendrá graves repercusiones internacionales más allá de avivar las rebeliones en otros países árabes. Al fin y al cabo Libia es un gran país en cuanto a extensión, más de 3 veces la superficie de España, pero demográficamente casi insignificante, 6 millones y medio de habitantes. Su líder, Muammar Gaddafi, si bien disfruta de una potente presencia mediática gracias, entre otras cosas, a sus excentricidades, no es uno de los grandes estadistas mundiales. Desde un punto de vista eurocéntrico, el líder libio no es más que un dictador africano de los tantos que aún pueblan el continente. Pero Gaddafi no es uno más; desde un punto de vista africano ha sido uno de las más importantes figuras de la historia reciente de África. Su papel es capital a la hora de entender la África actual y los conflictos que la atenazan. Gaddafi no es sólo el tirano que gobierna con mano de hierro Libia; el viejo general financia grupos rebeldes, actúa como mediador en numerosos conflictos, es la principal fuente de financiación de la Unión Africana, mantiene a dictadores a lo largo y ancho de todo el continente, es un firme defensor de la creación de unos Estados Unidos de África y además es el principal filántropo del continente. La importancia de Gaddafi en África es tal que en 2008, en una cumbre que reunió a más de 200 reyes y líderes tribales africanos en Libia, fue proclamado “Rey de reyes”. Como un gigantesco pulpo, los tentáculos de Gaddafi se extienden por toda África, desde Trípoli hasta El Cabo, como veremos a continuación.
 
Gaddafi (izquierda) con el presidente egipcio Nasser en 1970
Pero África no siempre ha sido la principal referencia para la diplomacia de Gaddafi y sus ansias de protagonismo internacional. Como ferviente admirador del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, el joven general libio que en 1969 llegó al poder tras un golpe de Estado apostó todas sus cartas a la consecución de su sueño, formar una nación árabe unificada. Pero el destino quiso que Gaddafi no viese su sueño cumplido; la muerte de Nasser en 1970 supuso la desaparición del principal impulsor de la idea panarabista, es decir, de la unión de todas las naciones árabes bajo un único gobierno. Además el fracaso de la unión entre Siria y Egipto, la República Árabe Unida, supuso también un serio varapalo para los ideólogos del panarabismo. Pero Gadaffi no desistió y trató de llevar a cabo varios proyectos de unificación con Egipto y Túnez durante la década de los 70. Sin embargo su afán por liderar cualquier proyecto de unión árabe le granjeó las enemistades de los principales líderes norteafricanos, a lo que respondió organizando varios golpes de Estado fracasados contra el monarca marroquí Hassan II en 1972 y contra el presidente tunecino Habib Bourguiba en 1980. Su belicosidad provocó un paulatino aislamiento diplomático durante las décadas de los 70 y 80 en el conjunto del mundo árabe. Su retórica anti-occidental chocaba con las dos grandes monarquías árabes; Marruecos y Arabia Saudí, y con Egipto, que desde finales de los 70 comenzó a ser el principal aliado árabe de los Estados Unidos, abandonando toda idea panarabista. Destrozados sus sueños de formar una unión árabe, Gaddafi encontró una nueva causa en el panafricanismo, que defendía la unión de todas las naciones africanas, eso sí bajo su liderazgo.

La política exterior panafricana de Gaddafi tuvo dos etapas. Una primera etapa comprendería desde 1977, con la derrota libia en la breve guerra contra Egipto, lo que supuso el fin de su diplomacia panarabista, hasta los años 90. Una segunda etapa comprendería desde los años 90 hasta la actualidad, siendo culmen el período que va de 2008 a 2010. 

La primera etapa se caracterizó por la puesta en práctica, en política exterior, de las dos fuentes de la ideología gadaffista; el panislamismo y el antioccidentalismo. La ideología panislamista comenzó a ganar peso a partir de los años 70 como sustitutivo del secular pensamiento panárabe. El fracaso de todos los intentos de unificación entre los países árabes y la desaparición de sus principales defensores llevaron a la marginación de esta ideología. Pronto fue sustituida por una nueva versión, el panislamismo, centrado en la unificación de toda la comunidad islámica, la Umma, en un sólo estado. Por tanto no comprendía solo a los países árabes sino también a otros estados, especialmente Irán, donde en 1979 triunfaría la revolución islámica. Gaddafi pronto se convirtió en el bastión del panislamismo en África, defendiendo la expansión del Islam por todo el continente. Sus principales acciones en este campo fueron la intervención en la guerra civil de Chad, que enfrentaba a los musulmanes del Norte con los cristianos del sur, y su apoyo militar al dictador de Uganda Idi Amin, musulmán en un país donde la población era mayoritariamente cristiana.

La vertiente anti-occidental de la política exterior de Gaddafi se tradujo en el apoyo a numerosos grupos rebeldes que luchaban contra regímenes gobernados por minorías blancas (Rhodesia del Sur, Sudáfrica) o contra regímenes pro-occidentales como la República Democrática del Congo, Liberia o Chad. Durante estos años, y gracias a los grandes beneficios económicos que comenzaba a amasar Libia por la venta de petróleo, Gaddafi se convirtió en el principal actor de la diplomacia regional. Apoyó a Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, contra el gobierno blanco de Rhodesia del Sur, financió al Congreso Nacional Africano, partido de Nelson Mandela, en su lucha contra la Sudáfrica del Apartheid y apoyó económicamente al Frente Polisario en el Sahara Occidental contra España primero y a partir de 1980, año en que Libia reconoció a la República Saharawi, contra Marruecos. Además apoyó al líder rebelde Laurent-Desiré Kabila contra el general Mobutu en Zaire y colocó al señor de la guerra Charles Taylor en la presidencia de Liberia, tradicional baluarte de la diplomacia estadounidense en África. En Somalia Gaddafi financió a otro señor de la guerra, Muhammad Farah Aydid, celebre por haber repelido un ataque estadounidense a Mogadiscio en 1993. Como hemos visto, el líder libio estableció en pocos años una red de países aliados, algunos de ellos gobernados por dictadores que asistieron al Centro Mundial Revolucionario, escuela libia donde Gaddafi entrenó a varios futuros presidentes como Blaise Campoare de Burkina Faso o Idriss Déby de Chad.

Muammar Gaddafi en la 12ª Cumbre de la U.A.
La caída del bloque socialista, y el surgimiento de Estados Unidos como única potencia mundial cambió el panorama diplomático y político en África. Además, el estancamiento de la República Islámica de Irán, principal aliado musulmán de Gaddafi, en su guerra contra Irak acabaron por empujar al líder libio a abandonar su tan cacareado panislamismo. Su aislamiento entre los países árabes continuó, sobre todo desde que la comunidad internacional señalase a Gaddafi como el culpable de varios atentados en Europa durante la década de los 80. Todas estas circunstancias empujaron al líder libio a centrar sus aspiraciones geopolíticas en África, donde acabaría por encontrar la última de sus causas políticas, el panafricanismo. Esta vez sin hacer distinciones de religión o de ideología política, la prioridad era unificar el continente en unos Estados Unidos de África. Para ello elaboraría una triple estrategia; mantener la red clientelar con sus socios africanos con apoyo militar o financiero, buscar nuevos aliados en el continente gracias a ayudas económicas, humanitarias o mediando en conflictos armados, e impulsando el desarrollo de la Organización de la Unidad Africana (OUA).

Durante los siguientes 20 años Gaddafi se convertirá en el principal impulsor de la unidad africana y en el banquero de los líderes políticos del continente; tal es así que regímenes como el de Mugabe en Zimbabwe o la propia Unión Africana (UA) pasaron a depender económicamente de la ayuda libia. Gracias al petróleo y a la subida continuada de sus precios a partir de los 90, Gaddafi pudo afianzar su red clientelar de autócratas africanos. Hasta su expulsión del poder en 2003 Charles Taylor, presidente de Liberia, disfrutó de la financiación libia. Otros países tradicionalmente en la esfera de influencia de Gaddafi como Niger, Mali, Chad y la República Centroafricana también se han beneficiado de estas ayudas económicas. En el caso de las dos últimas la ayuda libia se ha extendido al campo militar, ya que ambos países están gobernados por aliados tradicionales de Gaddafi, Idriss Déby en Chad, y Ange-Félix Patessé en Centroafrica, que gobernó hasta 2003. Financió a Foday Sankoh líder del Frente Revolucionario Unido de Sierra Leona, uno de los señores de la guerra más sangrientos del África Occidental, durante la guerra civil de 1991-2002. Sin embargo el país que más se ha beneficiado de su amistad con Libia ha sido Zimbabwe. Su presidente Mugabe, tradicional aliado de Gaddafi, se mantiene en el poder gracias al petróleo barato enviado desde Libia.

La segunda estrategia de Gaddafi en su aventura panafricana ha sido la de ganar nuevos apoyos en África para lograr ser el líder de un hipotético continente africano unificado. Esto también lo ha conseguido gracias a la ayuda financiera; ha otorgado préstamos de más de 100 millones de dólares a Tanzania, Mozambique y Etiopía y de más de 600 millones a Sudán. También ha financiado parte de la ayuda humanitaria destinada a los refugiados de Darfur en Chad. Por último ha actuado como mediador en algunos de los principales conflictos en el continente como el enfrentamiento entre Chad y Sudán a raíz del genocidio de Darfur o el conflicto entre los rebeldes Tuareg y los gobiernos de Mali y Niger. Desde 1989 Gaddafi ha mejorado sustancialmente sus relaciones con Marruecos, Túnez y Egipto y ha sido el impulsor de la Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos que incluye a Mali, Niger, Chad, Sudán, Burkina Faso, además de a la propia Libia.

El momento culminante del proyecto panafricano de Gaddafi se produjo durante la última década. En el año 2000, durante la XXXVI Asamblea ordinaria de la Organización para la Unidad Africana (OUA), organización regional creada en 1963 y que agrupaba a todos los estados africanos salvo Marruecos, se aceptó la propuesta de Gaddafi de crear un nuevo organismo. Esta nueva organización, la Union Africana (UA), sustituiría a la OUA y supondría un nuevo impulso para la unidad africana, creando instituciones a imagen y semejanza de las de la Unión Europea. La nueva UA cuenta con Libia como la principal fuente de financiación, un 15% del presupuesto de la organización corre a cuenta de Gaddafi. De hecho Libia paga la cuota de algunos pequeños países que no pueden realizar tal gasto. Las misiones de paz de la UA en Darfur (Sudán) y Somalia, están financiadas parcialmente con dinero libio, lo que explica la gran influencia de Gaddafi en la organización. 

Bandera de la Unión Africana
En 2008, en una cumbre en Bengazi (Libia), 200 reyes y líderes tribales de África declararon a Gaddafi “rey de reyes”. Un año después, Libia se hace con la presidencia anual de la UA. Durante este periodo Gaddafi defenderá insistentemente la creación de unos Estados Unidos de África bajo su liderazgo. Este nuevo superestado debería contar, según el líder libio, con un ejército propio, un pasaporte común y una moneda única, el afro, y debería estar constituido para 2025. Si bien Gaddafi cuenta con el apoyo de países aliados como Senegal, tradicional defensor de la unidad africana, o Zimbabwe, los pesos pesados de la región, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, son más escépticos con los extravagantes proyectos del líder libio.
 
La desaparición de Gaddafi supone, para África, un cambio en el equilibrio político regional de consecuencias imprevistas. Por un lado hemos visto como la propia Unión Africana depende económicamente de Libia, así como sus misiones de paz. Por otro lado regímenes que hasta ahora habían sobrevivido por el apoyo económico y/o militar libio como Zimbabwe, Chad o Burkina Faso pueden tambalearse. La desaparición de Gaddafi no es algo secundario para África; es un movimiento sísmico que puede llevarse por delante a otros dictadores y crear nuevos conflictos armados y más caos, pero también puede suponer un impulso a la democracia en el continente o el fin de viejas rencillas. Lo que está claro es que con Gaddafi y su quijotesco sueño de una África unida muere el último intento desesperado de un continente que busca infructuosamente su lugar en el mundo.




Mapa que explica algunos de los lazos diplomáticos entre Libia y otros países africanos.

















 
 

viernes, 4 de marzo de 2011

Siempre nos quedará París (o Londres, o Madrid, o Brasilia...) Parte II


Seguimos con el repaso a los principales dictadores que, a pesar de haber sido gobernantes sanguinarios y corruptos, han podido vivir plácidamente en el exilio...

Idi Amin Pocos dictadores han alcanzado tanta notoriedad por su brutalidad como Idi Amin. Sólo 8 años como presidente de Uganda le sirvieron para alcanzar fama mundial como uno de los líderes más sangrientos de la historia africana. Sentado en el trono presidencial desde enero de 1971, tras un exitoso golpe de Estado contra el anterior presidente Milton Obote, Idi Amin dedicó sus años en el poder a exterminar a cualquier oposición política y a grupos étnicos rivales. Inicialmente apoyado por Israel, donde se entrenó militarmente, y Reino Unido, antigua potencia colonial de Uganda, pronto cambió de alianzas internacionales. Su nueva política exterior, anti-británica y anti-israelí, le granjeó la enemistad del bloque Occidental y el apoyo de nuevos aliados como la Libia de Gaddafi o la República Democrática Alemana de Honecker. Su pertenencia a la minoría musulmana de Uganda (en torno al 10% de la población) le permitió establecer buenas relaciones con el mundo árabe. Entre sus excentricidades, su supuesto canibalismo y su afición a echar a sus opositores a los cocodrilos. Llevó a cabo un auténtico genocidio contra los grupos étnicos contrarios a su gobierno. Ya en abril de 1979 huyó del país debido a la invasión de Uganda por parte de opositores apoyados por el ejército de la vecina Tanzania. Se exilió en Libia y más tarde a Arabia Saudí, donde vivió en paz hasta 2003 cuando murió debido a problemas renales.

Mengsitu Haile Mariam Todavía en el exilio en Zimbabwe, Mengsitu dio nombre a una de las épocas más oscuras de la historia de Etiopía, país del que fue presidente. Fue miembro del grupo de militares que en 1974 derrocaron la monarquía de Haile Selassie para instaurar un régimen dictatorial socialista gobernado por una Junta Militar, el Derg. En 1977 se haría con el poder, tras la muerte del resto de sus oponentes en la Junta. Su gobierno, desde 1977 hasta 1989, es conocido por el Terror Rojo, debido a la represión política que llevó a cabo incluso en su propio partido político, el Partido Revolucionario del Pueblo Etíope. Alineado con el bloque comunista, logró el apoyo militar y tecnológico de la URSS y Cuba en la guerra que le enfrentó a la Somalia de Barre entre 1977 y 1978. Con la caída del bloque socialista a finales de los 80, la Etiopía de Mengsitu se encontró internacionalmente aislada. La retirada de las tropas soviéticas y cubanas dejo patente la debilidad militar del régimen. Esto fue aprovechado por las milicias de la secesionista Eritrea y por la oposición armada al régimen, liderada por Meles Zenawi, actual presidente del país. El levantamiento contra Mengsitu, iniciado en 1989, logró conquistar la capital, Addis Abeba, en mayo de 1991, provocando la caída del régimen socialista y la huida del presidente a Zimbabwe. De ideología similar, el Zimbabwe del dictador Robert Mugabe recibió con manos abiertas al dictador etíope, que de esta forma se salvó de cualquier proceso judicial por crímenes contra la Humanidad.

Jean-Bédel Bokassa Paradigma de la excentricidad, el dictador Bokassa, presidente de la República Centroafricana entre 1966 y 1979, pasaría a la historia por autoproclamarse Emperador de su país en 1977, tras una fastuosa ceremonia. Llegó al poder en 1966 tras un golpe de Estado que derribó al también dictador David Dacko. En 1976 declaró al país una monarquía y se convirtió al Islam. Sus principales aliados eran la Libia de Gaddafi, la dictadura argentina de Videla y el presidente francés Valery Giscard D'Estaing. La violencia con la que Bokassa reprimía cualquier manifestación llegaría a incomodar tanto a su aliado europeo, Francia, que desde París se organizó un Golpe de Estado que el 20 de septiembre de 1979 derribó al dictador. Paradójicamente, Bokassa acabó exiliándose en Francia, donde vivió hasta que en 1986 regresó a la República Centroafricana. Allí fue detenido y juzgado por canibalismo, asesinato, y corrupción. Fue liberado por una amnistía en 1993 y murió en 1996 por un ataque cardíaco. El presidente francés Giscard d'Estaing pagaría caro su apoyo a Bokassa, ya que salió a la luz pública la turbia relación entre ambos dignatarios. Sobre todo las presuntas orgías en las que participaban y los lujosos regalos que el presidente francés recibía de su amigo Bokassa, principalmente valiosos diamantes. Estas acusaciones ayudaron a que, en las elecciones presidenciales francesas de 1981, Giscard d'Estaing perdiese contra Miterrand.

Yakubu Gowon General nigeriano, en agosto de 1966 llegó al poder tras un sangriento golpe de Estado. Lideró Nigeria durante la guerra que enfrentó al ejército nigeriano con los separatistas de Biafra, región del sudeste del país. El bloqueo ordenado por Gowon a la región secesionista provocó más de un millón de muertos civiles. La guerra se extendió hasta 1970, cuando los separatistas de Biafra fueron derrotados. La corrupción de su régimen causó malestar entre la población y el ejército, provocando un golpe de Estado el 25 de julio de 1975 que obligó a Gowon a huir de Nigeria. Escogió el Reino Unido como lugar de exilio.

Mobutu Sese Seko Eterno presidente de Zaire, actual República Democrática del Congo, Mobutu fue el gendarme de Occidente en África. Desde su acceso al poder tras un golpe de Estado en 1965 contra el entonces presidente Joseph Kasavubu, defendió los intereses de Estados Unidos y Francia en el corazón de África. Inicialmente llevó a cabo una política exterior anti-occidental, pero el apoyo de la socialista Angola y el bloque comunista a los separatistas de la región de Katanga, empujó a Mobutu a los brazos de Washington. Se auto-proclamó “el guerrero poderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso”, toda una declaración de intenciones. Su régimen se caracterizó por el continuo saqueo de las riquezas del país. Su caída se produjo por un levantamiento popular de tutsis al Este del país, al apoyar Mobutu el genocidio en Ruanda, que junto a opositores políticos al régimen y el apoyo de Ruanda y Uganda, lograron expulsar al cleptócrata en mayo de 1997. El ya ex-presidente huyó a Togo desde donde se trasladó a Marruecos, donde otro tirano, el rey Hassan II, también amigo de Occidente y saqueador asiduo de las arcas públicas, le concedió asilo hasta su muerte en 1997 de un cáncer de próstata.

Mohamed Siad Barre Gobernó Somalia con mano de hierro desde 1969 hasta 1991. Militar, llegó al poder tras organizar un golpe de Estado en 1969. Transformó el país en un régimen socialista, apoyado por Moscú. En 1976 creó el partido único, el Partido Socialista Revolucionario Somalí. Además de en el marxismo, la ideología del régimen se basaba en el nacionalismo somalí, lo que llevó a Barre a invadir el Este de Etiopía en 1977. La URSS, aliada de los dos países enfrentados, optó por abandonar a Somalia y apoyar militarmente a Etiopía, lo que provocó la derrota del ejército somalí. A partir de entonces Barre cambió de alianzas y se acercó diplomáticamente a Occidente. Durante la siguiente década comenzaron a surgir grupos armados de oposición al régimen, que consiguieron el 26 de enero de 1991 expulsar al dictador de la capital, Mogadiscio. Este se refugió en el sur del país hasta que pudo huir a la vecina Kenia, para poco después exiliarse en Nigeria. En este país africano moriría en 1995 por un ataque cardíaco, mientras que Somalia se hundía en el caos.

Mohammed Reza Pahlevi Segundo Sha de la dinastía Pahlevi, Mohammed Reza gobernó Irán desde la abdicación de su padre en septiembre de 1941 (su padre fue obligado a abdicar por Gran Bretaña y la URSS por sus simpatías hacia la Alemania nazi) hasta su huida del país por la revolución de 1979, que convirtió al país en una República Islámica. El “rey de Reyes” fue el principal aliado estadounidense en Oriente Medio durante los años 50, 60 y 70. Odiado por la izquierda y la derecha religiosa por igual, en 1953 se exilió durante unos meses debido a una insurrección popular liderado por los comunistas. Tras su regreso, endureció la represión política a través de su temido servicio de seguridad, el SAVAK. Su reinado acabó en febrero de 1979 cuando una segunda insurrección popular, alimentada por los comunistas y la derecha ultrarreligiosa, le obligó a huir de nuevo del país. El depuesto sha fue recibido en varios países, entre ellos EEUU y el Egipto del también pro-occidental Sadat. Fue en El Cairo donde murió en julio de 1980 de un linfoma.

Ferdinand Marcos Cerramos nuestra lista de dictadores en el exilio con el ex-presidente filipino Ferdinand Marcos. Llegó al poder de forma democrática, siendo elegido presidente por el Partido Liberal en las elecciones de 1965. En 1969 sería reelegido y gobernaría de forma cada vez más autoritaria. Pilar del anti-comunismo en el Sudeste Asiático, apoyó a Vietnam del Sur contra el Vietnam comunista de Ho Chi Minh. En 1972 impuso la ley marcial, lo que le dio plenos poderes para gobernar a su antojo. En 1986 convoca elecciones presidenciales, pero un levantamiento popular de la oposición política le obliga a exiliarse el 25 de febrero de ese mismo año. Marcos dejó un país arruinado, saqueado y con una guerrilla comunista muy activa. Estado Unidos, principal aliado del presidente filipino, le ofreció establecer su residencia en Honolulu, Hawai, donde moriría pocos años después, el 28 de septiembre de 1989.

Actualizado 14.04.11

Mapa de la BBC con los exilios de algunos de los dictadores de los que he hablado


http://www.bbc.co.uk/news/magazine-13052996

miércoles, 2 de marzo de 2011

Siempre nos quedará París (o Londres, o Madrid, o Brasilia...) Parte I

El pasado lunes David Smith en The Guardian se preguntaba ¿Dónde podría Gaddafi ir si se exilia?. A continuación enumeraba una serie de países: Arabia Saudí, Burkina Faso, Senegal, Guinea Ecuatorial, etc... donde el dictador libio sería bienvenido, a pesar de su sangriento historial. Por desgracia un retiro dorado en el exilio es el más posible de los futuros para Gaddafi. Pero no es el primer dictador, y seguramente no el último, que tras gobernar férreamente su país, acaba sus días en lujosos retiros sin tener que rendir cuentas a la justicia. Lo más denunciable de todo ello es que en muchos de los casos, son los países del mundo democrático-liberal los que acogen en sus sociedades a estos tiranos en busca de hogar. A continuación explico los casos más flagrantes de dictadores que, tras gobernar a sangre y fuego, han podido exiliarse sin rendir cuentas, algunos durante unos años otros hasta el fin de sus días.

Jean Claude Duvalier “Baby DocHijo y sucesor del dictador François Duvalier “Papa Doc”, continuó gobernando Haití con mano dura tal y como lo había hecho antes su padre con su temida para-policía, los Tonton Macoute. Baby Doc gobernó el país caribeño desde abril de 1971, cuando murió su padre, hasta el 7 de febrero de 1986 cuando fue expulsado del poder por un golpe de Estado liderado por el jefe del ejército Henry Namphi. Anti-comunista convencido, recibió el apoyo político y económico de los Estados Unidos, a la par que reprimía brutalmente cualquier tipo de disidencia política. Tras su expulsión del poder se exilió en París, ciudad que acogerá a numerosos dictadores. Es cuanto menos paradójico que un país con un Presidente socialista (Miterrand) y un gobierno socialista con apoyos comunistas, se prestó a acoger a un dictador que tan violentamente había reprimido cualquier movimiento político de izquierda. Baby Doc siguió viviendo en París a todo lujo, con dinero obtenido de décadas de saqueo por parte de la familia Duvalier. En enero de 2011 volvió a Haití en medio de una crisis política y humanitaria.

Anastasio Somoza Debayle Último del clan Somoza en gobernar Nicaragua, al igual que sus antecesores, llevó a cabo una política de represión sistemática de movimientos populares de la izquierda. En el contexto de la Guerra Fría, el apoyo a la dictadura nicaragüense era clave para Washington a la hora de contener el comunismo en Centroamérica y el Caribe, por ello el apoyo norteamericano fue uno de los pilares del régimen. Anastasio dirigió el país durante dos períodos, de 1967 a 1972 y de 1974 a 1979. Al igual que el resto de su familia, gobernó el país como si fuese su propia empresa, lucrándose incluso de las ayudas internacionales que llegaban para paliar las consecuencias humanitarias de desastres naturales. Durante gran parte de su mandato Anastasio Somoza se enfrentó a la guerrilla comunista, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Entre sus socios internacionales se encontraban las dictaduras militares del Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay), el Portugal salazarista o la Sudáfrica del apartheid. La guerrilla FSLN finalmente consiguió derrotar al régimen somozista provocando la huida de Anastasio Somoza el 17 de julio de 1979 hacia Paraguay. No sin antes haber bombardeado sin piedad las ciudades liberadas por el FSLN, lo que recuerda a las técnicas utilizadas actualmente por Gaddafi en Libia. En Paraguay, gobernado por el también dictador Alfredo Stroessner, pudo vivir lujosamente hasta que fue asesinado el 17 de septiembre de 1980, en la Avenida Francisco Franco, por unos terroristas argentinos de extrema izquierda.

Alberto Fujimori Presidente peruano de origen japonés, Fujimori gobernó el país sudamericano durante toda la década de los 90, de 1990 al 2000. Alumno ejemplar del neoliberalismo y el Consenso de Washington, aplicó de manera rigurosa las numerosas políticas económicas que el FMI le recomendaba. Además no se olvidó de gobernar autoritariamente, lo que facilitó enormemente la implantación de medidas tan impopulares. Su régimen se caracterizó por la corrupción, el autoritarismo; Fujimori llevó a cabo un auto-golpe de Estado en 1992 disolviendo el Congreso y suspendiendo el Poder Judicial, y sus golpes de efecto mediáticos, como la televisada crisis de los rehenes en la residencia del Embajador de Japón, o la breve guerra fronteriza con Ecuador. En noviembre del año 2000 Fujimori abandonó Perú para exiliarse en Japón ante el temor de ser procesado por corrupción. 5 años después fue detenido en Chile y extraditado a Perú donde está siendo juzgado en la actualidad. Su hija Keiko Fujimori está entre los favoritos para las elecciones presidenciales de abril de 2011.

Alfredo Stroessner Uno de los dictadores más longevos de la historia, Stroessner, militar, gobernó Paraguay durante 35 años. Llegó al poder en agosto de 1954 tras liderar un golpe de Estado. Un año después se presentó a las elecciones presidenciales como candidato del tradicional Partido Colorado. Tras su victoria electoral siguió presentándose a las elecciones, que ganaría sucesivamente de forma fraudulenta. Simpatizó con el movimiento nazi alemán y ofreció refugio a muchos de sus líderes, entre ellos a Josef Mengele. Su dictadura fue apoyada por Estados Unidos debido a su anticomunismo. Pero tras el fin de la Guerra Fría y la democratización del Cono Sur, la dictadura paraguaya comenzó a estar cada vez más aislada y a ser muy incómoda para Washington. El 3 de febrero de 1989 un golpe de Estado, apoyado por los EEUU, derrocó al dictador. Este huyó a Brasil, donde vivió plácidamente hasta morir por una neumonía en agosto de 2006.

Isabel Martínez de Perón Presidenta argentina durante dos años, fue durante su mandato cuando surgió la Triple A “Alianza Anticomunista Argentina”, movimiento para-policial que llevó a cabo todo tipo de actos violentos contra figuras de la izquierda política e intelectual argentinas. Su llegada al poder se debió a la muerte, el 1 de julio de 1974, de su marido el Presidente Juan Domingo Perón, de quien era vicepresidenta desde el año anterior, y al que sucedió en la presidencia. “Isabelita” Perón endureció la posición del Estado cerrando publicaciones, reprimiendo a los movimientos de izquierda y endureciendo la jefatura militar, nombrando a Jorge Rafael Videla, futuro dictador de Argentina, jefe del ejército. Con una situación política y social descontrolada, el 24 de marzo de 1976 Martínez de Perón fue apartada de la presidencia tras un golpe de Estado militar y puesta bajo arresto. En 1981 la ex-presidenta fue liberada y se exilió en España, donde vivió a caballo de Madrid y Marbella. Desde entonces Martínez de Perón ha sido investigada por vínculos con la Triple A y por terrorismo de Estado. Todos los presidentes de la democracia española han tolerado la presencia en nuestro país de un personaje tan oscuro y con un pasado tan turbio como Isabel Martínez de Perón.

Marcelo Caetano Sucedió a Salazar como primer ministro de Portugal en 1968 y siguió ocupando el puesto hasta la revolución de los claveles que acabó con la dictadura portuguesa el 25 de abril de 1974. Durante su mandato se continuó con la política represiva del régimen conservador fundado por Salazar, además se agudizaron las guerras de independencia en Angola y Mozambique, donde el ejército portugués reprimió violentamente a los movimientos populares de liberación. Tras la revolución de abril del 74, que trajo la democracia a Portugal, Caetano se exilió en Brasil, por entonces gobernada por la dictadura militar, donde murió en 1980.

Erich Honecker Secretario General del Partido Socialista Unificado de Alemania desde 1971, 5 años después llega a la Jefatura del Estado de la República Democrática Alemana. El 18 de octubre de 1989 es obligado a dimitir por los miembros del Politburó, debido al desmoronamiento de la RDA y del bloque socialista en su conjunto. De la línea dura, Honecker nunca apoyó la política de apertura del dirigente soviético Gorbachev. Tras la integración de la RDA en la República Federal Alemana (RFA), Honecker huyó a la URSS. Temía ser juzgado por las muertes y torturas practicadas por el Estado durante sus años de mandato, ya que su régimen fue uno de los más brutales y represores de Europa del Este. En 1992, tras la caída del régimen comunista, las autoridades rusas extraditaron a Honecker a Alemania, donde fue juzgado para poco tiempo después ser liberado por su mal estado de salud. Honecker se exilió en el Chile post-pinochetista donde pocos meses después moriría de un cáncer de hígado.

Constantino II de Grecia El 6 de marzo de 1964 fue coronado rey de Grecia Constantino II, tras la muerte de su padre Pablo I. Su desdén hacia la democracia y afán de protagonismo llevaron al país a una crisis política sin precedentes que culminó con la dictadura de los coroneles. Su negativa a gobernar junto al partido Unión de Centro, mayoritario en el Parlamento griego, le llevaría a colaborar con la derecha nacionalista y los militares, quienes dieron un golpe de Estado el 21 de abril de 1967. El rey aceptó y apoyó el golpe, pero meses después, debido a su marginación política por parte de los militares que gobernaban el país, llevó a cabo un intento de contra-golpe para derribarlos. El levantamiento fracasó y Constantino II tuvo que abandonar el país. En 1974 finalizó la impopular dictadura de Georgios Papadopoulos y Grecia volvió a ser un país democrático. En un referéndum el país rechazó la vuelta a la Monarquía, por lo que Constantino II dejo de ser rey. Sin abandonar su exilio, Constantino aceptó la decisión del pueblo griego. A pesar de su inicial colaboración con un régimen represivo como el de los coroneles, Constantino siempre fue bien recibido en la democrática Europa, entre otras cosas, por sus vínculos familiares con las casas reales europeas; su hermana Sofia es la reina de España. Desde 1967 estableció su residencia permanente en Londres, donde disfruta de unas muy buenas relaciones con la Casa Real británica; es padrino del príncipe Guillermo, futuro monarca británico.

Charles Taylor Presidente de Liberia entre 1997 y 2003, su régimen fue conocido por los altos grados de corrupción y la colaboración con el tráfico de drogas, armas y minerales. Apoyó y financió a grupos rebeldes durante la guerra civil de la vecina Sierra Leona. En 2003 abandonó el país debido a las presiones internacionales por su oscuro papel en Sierra Leona y por que gran parte de Liberia había pasado a estar controlado por guerrillas contrarias a su régimen. Se exilió en Nigeria donde residió hasta que en marzo de 2006 fue detenido en la frontera con Camerún tratando de huir de la extradición a La Haya, donde sería juzgado por el Tribunal Internacional.

El viernes en un segundo post, seguiré con otros dictadores que desgraciadamente, y debido a la pasividad y complicidad de la comunidad internacional, han salido indemnes de años de constantes violaciones de los Derechos Humanos más elementales. Casos como el de Idi Amin, Mobutu, el sha de Irán o el filipino Ferdinand Marcos.

martes, 1 de marzo de 2011

Elecciones en Irlanda: resultados


Número
Votos 2007
Número
Votos 2011
Escaños 2007 Escaños 2011 % votos 2007 % votos 2011
Fine Gael 564,428 801,637 51 76 27,3 36,1
Labour 209,175 431,798 20 37 10,1 19,4
Fianna Fáil 858,565 387,362 77 20 41,6 17,4
Sinn Féin 143,410 220,660 4 14 6,9 9,9
U.L.A. 22,551 57,139 0 5 1,1 2,6
Greens 96,936 41,039 6 0 4,7 1,8
Independientes 162,825 270,674 8 14 5,2 12,2

Como ya se preveía, las elecciones del 25 de febrero han sido históricas para Irlanda. Durante el pasado viernes los electores eligieron a los 166 diputados que les representarán en el Dáil Éireann, la Cámara Baja del Parlamento, durante los próximos 5 años. Los resultados han confirmado lo que las encuestas ya habían vaticinado, ha habido un claro voto de castigo al partido gobernante Fianna Fáil, encargado de negociar el rescate del FMI y el BCE y principal artífice de la política económica que ha llevado al país al desastre. Tan sólo ha conseguido un 17,4% de los votos, cuando su peor resultado hasta entonces fue en 1992 cuando obtuvo un 39,1%. En Dublin, la capital, el castigo ha sido mayor ya que han obtenido tan sólo un diputado, situándose en quinto lugar. Los verdes, socios de gobierno con el Fianna Fáil desde 2007, también han pagado caro su participación en la negociación del rescate de 85 mil millones de euros; han perdido más de la mitad de los votos y los 6 escaños que tenían en el Dáil. Por primera vez desde 1989 los verdes no tendrán representación parlamentaria.

El principal beneficiario de la fuga de votos del partido gobernante ha sido el perpetuo partido de la oposición Fine Gael. De ideología similar al Fianna Fáil, ambos son partidos nacionalistas, tradicionalistas, surgidos de la guerra civil de los años 20; el Fine Gael era el destino natural de los descontentos con el partido gobernante. Por tanto a pesar de que ha habido una gran reestructuración de partidos, ideológicamente no ha sido así, los dos partidos de centro-derecha siguen sumando una mayoría absoluta de votos; un 68,9% en 2007 y un 53,5% en 2011. Pero no todos los descontentos con el Fianna Fáil han pasado a votar al Fine Gael, entre otros motivos, por la gran rivalidad que aún perdura en algunas áreas entre estos dos grandes partidos. Rivalidad heredada de las posturas encontradas durante la guerra civil de los años 22-23, con los defensores de una postura más flexible y colaboradora con la antigua potencia dominante, Gran Bretaña, el Fine Gael, y aquellos que defendieron a ultranza la idea de que sólo a través de una república podía Irlanda ser independiente, el Fianna Fáil. Actualmente esta rivalidad se ha perdido aunque aún se percibe al Fine Gael como ideológicamente más flexible, girando en torno al centro, y a un Fianna Fáil más radical y nacionalista. Algunos opinan que en un futuro ambos partidos podrían llegar a fusionarse debido a las similitudes ideológicas.

El partido Laborista y el Sinn Féin han sido los otros partidos que se han beneficiado del descalabro del Fianna Fáil, sobre todo en Dublin. El partido laborista ha cosechado un récord histórico tanto en votos como en escaños y se sitúa como principal partido en la capital. Los laboristas se habrán beneficiado además de la fuga de votos de los verdes y de los nuevos votantes, ya que la participación ha subido de un 67% en 2007 a un 70,1% en 2011. El Sinn Féin, también nacionalista, pero que defiende políticas económicas y sociales más a la izquierda, ha logrado 80 mil votos más y 10 nuevos escaños, logrando sus mejores resultados desde la Segunda Guerra Mundial.

La sorpresa de las elecciones ha sido la United Left Alliance, coalición de partidos de izquierda a la que las encuestas no le daba ni un sólo diputado. La ULA está formada por tres pequeños partidos: el Partido Socialista, la Alianza “la Gente antes que el Beneficio” y el Grupo de Acción de Trabajadores y Desempleados. En las elecciones la ULA sorprendentemente ha logrado 5 diputados y más de 50 mil votos, en un país donde la izquierda tradicionalmente no ha obtenido grandes resultados electorales. Presumiblemente este éxito se debe a los nuevos votantes, a antiguos abstencionistas y a descontentos de otros partidos, principalmente los verdes o los laboristas.

Enda Kenny, líder del victorioso Fine Gael, es el único candidato posible para ocupar el puesto de primer ministro o Taoiseach. Pero con 76 diputados, aún está lejos de los 83 para la mayoría absoluta. La necesidad de un gobierno estable en tiempos tan turbulentos empujará al nuevo Taoiseach a formar un gobierno de coalición con los laboristas. Ambos partidos sumarían 113 de los 166 diputados, mayoría más que suficiente. Otra alternativa más interesante para el Fine Gael pero con mayores riesgos es un gobierno en minoría con el apoyo de diputados independientes. Sea cual sea la opción por la que finalmente se decida Enda Kenny, su principal objetivo es renegociar el paquete de ayuda que el anterior gobierno había acordado con el FMI y el Banco Central Europeo, sobre todo la tasa de interés. En esto todos los partidos del nuevo Parlamento, salvo el Fianna Fáil, están de acuerdo.